Redacción/ Miami.
La sede de Amazon está en Seattle. En esta ciudad es donde se trazan los planes estratégicos de la compañía, se trabaja por la diversificación del negocio y se exige la mayor creatividad entre sus empleados para conseguir implantar nuevas ideas. La última de ellas está relacionada con la alimentación saludable, un asunto que tiene una gran trascendencia en la vida cotidiana del país norteamericano.
Tras una lluvia de ideas del fundador y CEO de la compañía, Jeff Bezos se llegó a la conclusión de que Amazon debería ofrecer a sus trabajadores y a las personas que se ubiquen cerca de su sede alimentos saludables y ecológicos, desde el punto de vista de un servicio público. Finalmente, y tras considerar las naranjas, Amazon eligió las bananas y abrió su primer Stand Comunitario Banana a finales del año 2015.
Desde entonces, se abrieron dos stands más en su campus corporativo en el centro de Seattle y, según la compañía, se han ofrecido más de 1,7 millones de plátanos gratis. Sin embargo, y a pesar de lo buena que pueda parecer la iniciativa una vez planteada, la respuesta de la ciudadanía ha sido diferente. Aunque los trabajadores valoran la propuesta, el mercado local ha sido aplastado y es difícil encontrar bananas en otros lugares cercanos a la empresa.
Tal y como explica el Wall Street Journal, hay algunos establecimientos que han tenido que tomar una decisión acerca de su futuro por la influencia negativa que esta medida de Amazon provoca en sus pequeños negocios. Anar, un café vegetariano que se encuentra justo al lado del stand de bananas de Amazon, ha tenido que recortar las ventas de plátanos, que ofrecía en rodajas junto a un yogur porque los clientes solicitan menos este ingrediente. En el Local Public Eatery, un restaurante que se encuentra al lado del stand de plátano original, los clientes llegan a acudir al lugar con el banano en su mano. «Es muy común que tengan esta fruta cuando vienen a almorzar», dice Sam Brown, uno de los gerentes. Por lo general, «lo comen en su mesa», junto con cualquier alimento que ordenen. Esta situación ha hecho reflexionar a la comunidad acerca de una herramienta que, aunque en un primer momento parecía buena, no beneficia a la sociedad.










