América Latina crecerá apenas 2,1 % en 2026, limitada por la baja inversión, la alta informalidad y la incertidumbre global.
América Latina y el Caribe inicia 2026 con un panorama económico moderado, marcado por un crecimiento que continúa siendo insuficiente frente a sus necesidades estructurales. Las proyecciones apuntan a una expansión del 2,1 % del PIB regional, una cifra inferior al 2,4 % registrado en 2025, lo que confirma una tendencia de desaceleración que refleja tanto factores internos como externos. Aunque algunos indicadores globales han mostrado cierta estabilidad, la región sigue enfrentando desafíos persistentes que limitan su capacidad de crecimiento sostenido.
Uno de los principales motores de la economía continúa siendo el consumo privado, que mantiene una dinámica relativamente estable. Sin embargo, este impulso es moderado. La recuperación de los ingresos reales avanza lentamente y los costos de financiamiento, ajustados por inflación, siguen siendo elevados, lo que restringe el acceso al crédito tanto para hogares como para empresas. En este contexto, el consumo logra sostener la actividad económica, pero no es suficiente para generar un crecimiento robusto.
Falta de inversión
El principal factor que frena el desarrollo económico de la región es la debilidad de la inversión. A pesar de condiciones financieras internacionales ligeramente más favorables y precios de materias primas relativamente estables, las empresas mantienen una postura cautelosa. La incertidumbre global, sumada a la falta de claridad en las políticas internas de varios países, ha llevado a que muchas decisiones de inversión se posterguen. Esta situación limita la expansión productiva y reduce la capacidad de generar empleo de calidad. El mercado laboral, en este escenario, juega un papel central en la configuración de los resultados sociales.
La informalidad sigue siendo una característica estructural en gran parte de la región, afectando especialmente a trabajadores con menor nivel educativo y a quienes se desempeñan en actividades independientes o microempresariales. Esta condición no solo restringe el acceso a beneficios laborales formales, sino que también limita el crecimiento de la productividad y los ingresos.
Informalidad en el mercado laboral
Además, la persistencia de la informalidad revela problemas más profundos relacionados con el funcionamiento del mercado laboral. No se trata únicamente de barreras regulatorias, sino también de la falta de incentivos para acceder a empleos formales. Para muchos trabajadores, los beneficios del empleo formal no compensan los costos o las restricciones asociadas, lo que perpetúa un círculo de baja productividad y crecimiento limitado.
En este contexto, la política industrial ha vuelto a posicionarse como un tema central en la agenda económica. Ante la dificultad para generar empleos de calidad y dinamizar el crecimiento, varios países están reconsiderando el papel del Estado en la promoción de sectores estratégicos. Este enfoque busca impulsar actividades productivas con alto potencial, fomentar la innovación y fortalecer las capacidades locales.
La región cuenta con ventajas importantes que podrían convertirse en motores de desarrollo si se gestionan adecuadamente. Recursos como el litio y el cobre, junto con una matriz energética relativamente limpia, ofrecen oportunidades significativas en el marco de la transición energética global. Sin embargo, transformar estas ventajas en crecimiento económico sostenible no es automático. Requiere políticas coherentes, inversión en capital humano y un entorno institucional que favorezca la innovación y la competitividad.
Para aprovechar estas oportunidades, será clave fortalecer las capacidades productivas locales. Esto implica invertir en educación y habilidades, promover el desarrollo de proveedores nacionales y facilitar la transferencia de tecnología. Asimismo, es fundamental contar con instituciones sólidas que garanticen reglas claras, estabilidad y confianza para los inversionistas.
El informe también subraya la importancia de fomentar un entorno que incentive la toma de riesgos empresariales.
En economías donde la incertidumbre es alta, las empresas tienden a ser conservadoras, lo que limita la innovación y el crecimiento. Crear condiciones que permitan experimentar, invertir y competir es esencial para romper con la inercia actual.
En última instancia, el desafío para América Latina y el Caribe no es solo crecer, sino hacerlo de manera sostenida e inclusiva. Esto implica generar empleos de calidad, reducir la informalidad y mejorar la productividad. Sin cambios estructurales que aborden estos problemas, el crecimiento seguirá siendo limitado y vulnerable a los cambios del entorno global.
Fuente: Banco Mundial











