La propuesta genera apoyo político y fuerte rechazo bancario, mientras expertos advierten sobre restricciones al crédito y efectos económicos.
El debate sobre un posible límite a las tasas de interés de las tarjetas de crédito volvió al centro de la agenda económica de Estados Unidos a comienzos de 2026, luego de que el presidente de Bank of America, Brian Moynihan, advirtiera sobre las consecuencias que podría tener una medida de este tipo para el acceso al crédito y el desempeño de la economía en general. La propuesta en discusión plantea establecer un tope del 10 % a las tasas de interés que pueden cobrar las entidades financieras por este tipo de productos.
Durante declaraciones realizadas en enero de 2026, Moynihan sostuvo que un límite rígido a las tasas obligaría a los bancos a reducir de manera significativa la oferta de crédito, ya que las entidades no podrían ajustar el precio del financiamiento en función del riesgo asumido. Según explicó, las pérdidas crediticias promedio en el sector suelen ubicarse entre el 3 % y el 3,5 %, lo que deja un margen limitado para cubrir costos operativos y riesgos adicionales si se impone un techo tan bajo a las tasas.
Uno de los principales efectos señalados por el directivo sería una restricción considerable en el acceso a las tarjetas de crédito. Moynihan indicó que, bajo un escenario de tope del 10 %,
solo una fracción reducida de la población —principalmente personas con puntajes crediticios superiores a 700— podría calificar para este tipo de productos financieros. Esto implicaría que millones de consumidores con historiales crediticios intermedios o limitados quedarían excluidos del sistema tradicional de crédito.
El ejecutivo también alertó sobre posibles consecuencias no previstas de la medida. En su análisis, los prestatarios más vulnerables, al perder acceso a las tarjetas de crédito bancarias, podrían verse empujados hacia alternativas más costosas y riesgosas, como los préstamos de día de pago o prestamistas no regulados. Este desplazamiento, según Moynihan, podría terminar aumentando la carga financiera sobre los hogares con menores ingresos, en lugar de aliviarla.
Desde una perspectiva macroeconómica, el CEO de Bank of America advirtió que una contracción significativa del crédito al consumo tendría efectos negativos sobre el gasto de los hogares. Dado que el consumo es uno de los principales motores de la economía estadounidense, una reducción en la capacidad de financiamiento podría desacelerar la actividad económica y afectar a diversos sectores productivos.
A pesar de estas advertencias, Moynihan señaló que Bank of America mantiene conversaciones con la administración del presidente Donald Trump para explorar soluciones intermedias que mejoren la asequibilidad del crédito sin comprometer su disponibilidad. Entre las alternativas en evaluación se encuentra la posibilidad de ofrecer tarjetas de crédito específicas que cumplan con el límite del 10 % durante un período acotado de un año, como una medida transitoria.
El debate cobró mayor relevancia luego de que el presidente Trump pidiera formalmente al Congreso aprobar un tope del 10 % a las tasas de interés por un año. El llamado fue realizado durante su discurso del 21 de enero de 2026 en el Foro Económico Mundial de Davos, donde presentó la iniciativa como una herramienta para aliviar la carga financiera de los consumidores estadounidenses.
La propuesta ha encontrado respaldo en algunos sectores del espectro político. Legisladores como los senadores Bernie Sanders y Josh Hawley han expresado su apoyo a medidas similares, argumentando que las altas tasas de interés de las tarjetas de crédito perjudican de manera desproporcionada a las familias de ingresos medios y bajos.
Sin embargo, la oposición del sector bancario ha sido amplia. Grupos que representan a la industria financiera sostienen que un límite generalizado tendría efectos “devastadores” sobre el acceso al crédito, no solo para los consumidores, sino también para pequeños negocios que dependen de líneas de crédito para operar y crecer.
A medida que el Congreso evalúa la propuesta, el debate continúa centrado en encontrar un equilibrio entre la protección de los consumidores frente a tasas elevadas y la preservación de un sistema crediticio amplio y funcional. El desenlace de esta discusión podría tener implicaciones significativas tanto para el sistema financiero como para la economía estadounidense en su conjunto.











