La inteligencia artificial no solo implica riesgos de automatización; también abre caminos para mejorar capacidades humanas, impulsar innovación y generar nuevas oportunidades.
La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en la vida económica y social marca un antes y un después comparable al de la electricidad o el internet. A diferencia de esas tecnologías, la IA ofrece un acceso más inmediato para quienes están conectados, pero también profundiza la brecha para quienes permanecen fuera del mundo digital. Surge así un dilema global: ¿será un motor de inclusión o un factor que deje aún más rezagados a los países con menor índice de desarrollo humano (IDH)?
El Informe de Desarrollo Humano 2025 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) examina este desafío. Una de sus principales conclusiones es que los países con bajo IDH enfrentan una dificultad extra: los caminos tradicionales de desarrollo, basados en la industrialización y la manufactura para exportación, se están reduciendo. Esto los obliga a pasar directamente de la agricultura a los servicios, una transición irregular que podría verse aún más afectada por la llegada de la IA.
Riesgos de automatización y desigualdad
Uno de los temores centrales es que la IA expanda la frontera de la automatización hacia terrenos antes considerados exclusivos del ser humano. Hasta ahora, las tecnologías digitales tradicionales habían sustituido principalmente tareas rutinarias. Pero la IA, gracias a su capacidad para procesar información, generar contenidos y tomar decisiones complejas, amenaza también a ocupaciones no rutinarias, como ciertas tareas cognitivas o creativas.
Oportunidades para complementar las capacidades humanas
No obstante, el informe sostiene que la IA no debe ser vista únicamente como un mecanismo de sustitución. Existen al menos cuatro razones para considerarla una herramienta de expansión de capacidades.
Complementariedad humano-máquina: Aunque la IA es altamente competente en ciertas tareas, muchas decisiones —sobre todo en contextos de alto riesgo, como la medicina o la justicia— siguen requiriendo juicio humano. Esto abre un campo de colaboración en el que la IA potencia, pero no reemplaza, la capacidad humana.
Nuevas fronteras de creatividad: La IA generativa se está consolidando como un “método de invención” que acelera la innovación. Puede inspirar la investigación científica y la producción creativa, abriendo nuevas industrias y oportunidades laborales.
Acceso a conocimiento avanzado: Al reducir las barreras para adquirir información técnica y especializada, la IA puede ayudar a trabajadores menos experimentados a mejorar su desempeño. Esto ya se ha comprobado en áreas como los centros de atención al cliente, el desarrollo de software y la redacción profesional.
Personalización de servicios esenciales: En campos como la educación y la salud, la IA puede ofrecer atención individualizada a gran escala. En países con baja cobertura sanitaria o educativa, esta capacidad puede significar una mejora tangible en la productividad de servicios rezagados.
El papel de las políticas públicas
El futuro impacto de la IA dependerá menos de la tecnología en sí y más de las decisiones políticas que acompañen su desarrollo. El PNUD advierte que, si bien existen riesgos de exclusión, también hay múltiples vías para que la IA se convierta en una herramienta de progreso humano.
Inversión en habilidades digitales: La formación de capital humano es esencial para que los trabajadores puedan aprovechar las nuevas oportunidades en lugar de quedar desplazados.
Infraestructura digital inclusiva: Sin acceso a internet, los beneficios de la IA serán inalcanzables para millones de personas.
Estrategias nacionales adaptadas: No existe una única receta. Cada país debe diseñar políticas que aprovechen la flexibilidad de la IA según sus propias realidades sociales y económicas.
El informe resalta que cuatro de cada diez trabajadores encuestados esperan que la IA no solo cambie sus empleos, sino que también cree nuevas funciones aún inexistentes. Esta expectativa sugiere que la percepción global no se limita al miedo de perder trabajos, sino que incluye la posibilidad de transformar la manera en que trabajamos y vivimos.
*Banco Mundial
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