Miami, FL, lunes 7 de septiembre de 2026. Las reuniones forman parte de la rutina de prácticamente cualquier empresa. Sin embargo, para John Stankey, CEO de AT&T, existe una diferencia importante entre reunirse para compartir información y hacerlo para tomar decisiones. Su filosofía es sencilla: si un ejecutivo va a participar de una reunión, debe llegar preparado.
Stankey considera que el tiempo de una reunión no debería utilizarse para presentar durante largos minutos información que los participantes podrían haber leído previamente. La expectativa es que quienes se sienten alrededor de la mesa conozcan de antemano los datos y documentos relevantes, de manera que la conversación pueda concentrarse en analizar, cuestionar y decidir.
El planteamiento parece simple, pero apunta a uno de los problemas más comunes dentro de las organizaciones: reuniones extensas que consumen horas de trabajo sin necesariamente producir resultados concretos.
La filosofía del CEO de AT&T parte de entender la reunión como un espacio de trabajo y no como una sesión informativa. Los documentos pueden leerse antes. Los números pueden estudiarse antes. Incluso buena parte de una presentación puede revisarse antes. Lo que resulta mucho más difícil hacer individualmente es confrontar perspectivas, discutir alternativas y alcanzar una decisión colectiva.
La publicación Fortune ha relacionado este enfoque con la manera de trabajar de Jamie Dimon, CEO de JPMorgan Chase, conocido por esperar que sus ejecutivos lleguen a las reuniones con conocimiento previo del material que será discutido.
Detrás de ambas filosofías existe una lección de productividad particularmente relevante en momentos en que las compañías buscan hacer más con estructuras cada vez más eficientes: el verdadero costo de una reunión no se mide solamente en minutos, sino en el tiempo acumulado de todas las personas que participan en ella.
Una reunión de una hora con diez ejecutivos representa, en realidad, diez horas de trabajo de la organización. Por eso, convertir ese tiempo en una simple lectura colectiva de diapositivas puede resultar extraordinariamente costoso.
El método de Stankey también introduce una responsabilidad individual. Llegar preparado significa haber leído, analizado y formulado preguntas antes de entrar a la sala. De esa manera, la reunión comienza donde normalmente terminan muchas otras: en la discusión de lo verdaderamente importante.
Para empresarios y líderes de organizaciones más pequeñas, la enseñanza puede ser incluso más valiosa. No hace falta dirigir una corporación del tamaño de AT&T para aplicar esta regla. Antes de convocar la próxima reunión, quizás convenga hacerse una pregunta muy sencilla: ¿necesitamos reunirnos para recibir información o para hacer algo con ella?
Si la respuesta es simplemente recibirla, probablemente bastaba con enviarla por correo electrónico. Si el objetivo es debatir, resolver un problema o tomar una decisión, entonces sí existe una buena razón para sentarse alrededor de una mesa.
Y, como exige Stankey, todos deberían llegar preparados.








