Miami, FL., jueves 3 de septiembre de 2026.- La carrera mundial por desarrollar inteligencia artificial suele concentrarse en chips, modelos cada vez más potentes y gigantescas inversiones tecnológicas. Pero para Greg Abel, CEO de Berkshire Hathaway, uno de los factores que podría determinar la velocidad de esa revolución es mucho más básico: la disponibilidad de electricidad.
El crecimiento acelerado de los centros de datos necesarios para desarrollar y operar sistemas de IA está provocando un fuerte aumento de la demanda energética en Estados Unidos. Para Berkshire, esta transformación representa tanto un desafío como una importante oportunidad de inversión.
Un ejemplo está en Iowa, donde opera Berkshire Hathaway Energy. Allí, los centros de datos representaron aproximadamente 8% de la carga eléctrica durante el último año, una cifra que ayuda a dimensionar cuánto está cambiando el consumo de energía impulsado por las grandes compañías tecnológicas.
La cuestión es estratégica. Construir nuevos data centers no depende solamente de conseguir terrenos, servidores o los avanzados procesadores de compañías como Nvidia. También requiere acceso permanente a enormes cantidades de electricidad y una infraestructura capaz de suministrarla.
Si esa infraestructura no crece a la misma velocidad que las inversiones en inteligencia artificial, la energía podría transformarse en uno de los principales cuellos de botella de la industria.
Para Berkshire Hathaway, sin embargo, esa necesidad abre una oportunidad. El conglomerado posee importantes negocios de generación, transmisión y distribución eléctrica, colocándolo en una posición privilegiada para beneficiarse del aumento estructural de la demanda.
La nueva Berkshire de Greg Abel
Pero detrás de la energía existe otra historia igualmente importante: Greg Abel comienza a colocar su propia firma sobre las decisiones de Berkshire después de Warren Buffett.
Abel reveló que fue personalmente responsable de la decisión de aumentar en aproximadamente US$10.000 millones la inversión de Berkshire en Alphabet, matriz de Google. Buffett había iniciado la posición, pero fue Abel quien decidió ampliarla hasta convertirla en la tercera mayor inversión de Berkshire en acciones ordinarias.
La operación ofrece una primera señal sobre su estilo al frente del conglomerado: combinar los tradicionales negocios de infraestructura y energía de Berkshire con una mayor exposición a las compañías que lideran la revolución tecnológica.
La inteligencia artificial necesita algoritmos y semiconductores. Pero también necesita electricidad. Y Abel parece dispuesto a posicionar a Berkshire en ambos lados de esa transformación.








