Redacción/ Miami.
El embajador ruso en Turquía, Andréi Kárlov, fue asesinado el pasado lunes 19 de diciembre en la víspera de una reunión entre Rusia, Irán y Turquía para tratar el alto al fuego en Alepo. Los hechos ocurrieron en un centro de arte en la capital turca donde se realizaba la inauguración de la exposición de fotografía ‘Rusia a través de los ojos de los turcos’.
El asesino del embajador ruso fue identificado como Mert Altintas de 22 años, quien pertenecía a la Policía Turca desde el 2014, y a su vez era integrante de la organización terrorista FETO (Organización de Terror Gulenista). Esta organización se encuentra vinculada a Fethullah Gulen, un clérigo turco residente en EE.UU., que fue acusado de dirigir el golpe de Estado en Turquía que tuvo lugar el pasado mes de Julio.
El suceso ocurrió cuando el embajador estaba finalizando su discurso en la ceremonia de inauguración del evento, el atacante disparó al embajador por la espalda dejándolo desplomado en el suelo y dejando a otras tres personas heridas. Tras el ataque, se inició un tiroteo por parte de la Policía Turca en contra del autor de los disparos, quien fue abatido por la Policía después de que el responsable de los hechos gritara: ¡Alá es grande! y ¡No olviden Alepo! ¡No olviden Siria!
Frente a lo ocurrido el presidente ruso, Vladimir Putin, declaró que el atentado tuvo como objetivo minar las relaciones ruso-turcas y afirmó que la respuesta por parte de Rusia frente al asesinato del embajador debe procurar la intensificación de la lucha contra el terrorismo.
El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, también se manifestó ante lo ocurrido, estimando que el asesinato “es una provocación dirigida contra el proceso de normalización de las relaciones bilaterales entre Moscú y Ankara”, añadiendo que los dos países formarán una comisión conjunta para investigar el crimen.










