Redacción/ Miami.
La bomba ha estallado. El destituido director del FBI, James Comey, ha confirmado punto por punto las presiones que sufrió por parte del presidente Donald Trump por la investigación de la trama rusa.
En un meticuloso escrito de siete folios enviado al Comité de Inteligencia del Senado, Comey repasa los tres encuentros y seis llamadas que mantuvo con el mandatario en cuatro meses. De todas tomó nota y en todas Trump quiso de una forma u otra reducir la presión de las pesquisas. “Necesito lealtad, espero lealtad”, le llegó a decir en una reunión privada en la Casa Blanca.
Trump ha encontrado su propio muro. Una barrera que no cede y que puede acabar con él. Es James Comey. Un hombre alto, que habla claro y de integridad probada. La declaración presentada ante el Senado, y que mañana será leída ante el Comité de Inteligencia, está destinada a la historia. De sus palabras puede derivar un caso de obstrucción. La piedra de toque del impeachment.
El documento es demoledor. Comey revela los detalles de cada encuentro. Los escribía nada más terminar sus reuniones o charlas con el republicano. La primera vez fue el 6 de enero, cuando Trump no había sido aún investido. Tras informarle de las investigaciones sobre la trama rusa, se metió en su coche y a la puerta de Trump Tower redactó su conversación en un ordenador portátil. “Desde entonces, esa fue mi práctica”, señala.










