Redacción/ Miami.
No por ser esperado deja de ser menos importante. Emmanuel Macron, líder del partido En Marche! consiguió la victoria definitiva en las elecciones a la presidencia de la República en Francia por un resultado más holgado de lo previsto.
El triunfo de Macron frente a la xenófoba Marine Le Pen supone un espaldarazo a los valores de la Unión Europea, aunque el ascenso de la extrema derecha en uno de los corazones de Europa debe alertar a la unión acerca de las políticas impulsadas en los últimos años.
Macron ganó con el 66% de los votos, frente al 33% de Le Pen, que la deja lejos del objetivo que se había marcado de llegar al 40% de los sufragios. La candidata del Frente Nacional reconoció la derrota y afirmó, en declaraciones públicas, que Francia “había apostado por la continuidad”. Le Pen llamó a una “renovación profunda” del partido tras estos resultados. Lo cierto es que las posibilidades del partido xenófobo y racista de gobernar han sido altas, con encuestas que situaban al Frente Nacional como el partido más votado durante varios de los últimos meses. De hecho, en la primera vuelta, Le Pen fue la segunda más votada por un escaso margen frente a Macron. Solo la unión de todos los partidos y el gran apoyo de las administraciones europeas al candidato liberal han conseguido que el resultado final sea tan apabullante.
Ahora Macron tiene mucho trabajo por delante. Sus retos más importantes serán lograr la reconciliación social en Francia, bastante azotada por los actos terroristas de los últimos años y las opiniones encontradas sobre las políticas de migración, además de una reforma laboral que ha tenido muchas críticas por parte de los sindicatos, que mantienen una gran influencia en Francia. Macron también deberá mostrar si realmente tiene la suficiente experiencia para ser el presidente de Francia, dada su juventud y su poco bagaje en cargos públicos. Lo que sin duda supone el triunfo de Macron es un alivio en el seno de la Unión Europea.










