Miami, FL. 31 de agosto de 2026.
Mark Pincus, creador de Zynga, es un firme defensor de la inteligencia artificial, pero advierte sobre un riesgo poco discutido: utilizarla demasiado pronto puede acelerar el trabajo y, al mismo tiempo, impedir que las nuevas generaciones desarrollen el criterio necesario para reconocer la excelencia.
La inteligencia artificial puede convertir rápidamente un trabajo mediocre en uno razonablemente bueno. El problema, según Mark Pincus, fundador de Zynga, aparece cuando queremos pasar de bueno a excelente.
Pincus plantea una interesante paradoja sobre la revolución tecnológica que atraviesan actualmente las empresas. Herramientas como los asistentes de inteligencia artificial permiten redactar, investigar, programar, analizar información o generar ideas en cuestión de segundos. Pero esa extraordinaria facilidad también podría tener un costo.
La IA, sostiene el empresario, puede llevar rápidamente a una persona hasta un nivel equivalente a un “B+”. Llegar a un “A”, sin embargo, continúa requiriendo conocimiento, experiencia y, fundamentalmente, criterio.
¿Y cómo puede alguien reconocer un trabajo excelente si nunca aprendió a producirlo por sí mismo?
El peligro de aprender demasiado rápido
Pincus no pertenece al grupo de empresarios que observa la inteligencia artificial con temor. Por el contrario, se define como extremadamente optimista sobre sus posibilidades.
Su preocupación es diferente.
Cuando una persona utiliza IA demasiado temprano durante su formación profesional puede saltarse precisamente aquellas experiencias que permiten desarrollar criterio. Equivocarse, corregir, comparar alternativas y comprender por qué una solución funciona mejor que otra forman parte del aprendizaje.
La tecnología puede proporcionar rápidamente una respuesta. Pero obtener una respuesta y comprender por qué es buena no necesariamente son lo mismo.
Pincus aprendió esa lección construyendo Zynga, la compañía de videojuegos detrás de éxitos como FarmVille y Words With Friends.
En sus años de crecimiento, Zynga necesitaba desarrollar rápidamente nuevos creadores de productos. Como no encontraba suficiente talento con la experiencia que necesitaba, la compañía decidió formarlo internamente.
Experimentar para desarrollar criterio
Pincus describe aquel sistema como una especie de “teaching hospital” empresarial: los profesionales aprendían trabajando, experimentando y observando continuamente los resultados.
La filosofía era sencilla pero ambiciosa: intentar más ideas en una semana que otros competidores durante un año.
Detrás de aquella velocidad existía una idea fundamental. Experimentar muchas veces permitía descubrir qué funcionaba, qué fracasaba y por qué. Ese proceso terminaba construyendo algo que ninguna herramienta puede entregar instantáneamente: criterio profesional.
La reflexión tiene enormes implicaciones para las empresas actuales.
El desafío ya no consiste simplemente en enseñar a los empleados a utilizar inteligencia artificial. Probablemente también sea necesario decidir cuándo deben utilizarla y cuándo deberían resolver primero un problema por sí mismos.
La IA puede acelerar extraordinariamente una carrera profesional. Pero Pincus introduce una advertencia importante: velocidad no necesariamente significa maestría.
En la nueva economía de la inteligencia artificial, saber obtener respuestas será cada vez más sencillo. La verdadera ventaja competitiva estará en saber distinguir una respuesta aceptable de una extraordinaria.








