Miami, FL, sábado 12 de septiembre de 2026. Cuando el petróleo supera los US$100 por barril, la preocupación deja de pertenecer exclusivamente a las compañías energéticas. Transporte, logística, aerolíneas, manufactura, comercio y prácticamente cualquier empresa que dependa del movimiento de mercancías comienza a sentir las consecuencias.
Mike Wirth, presidente y CEO de Chevron, lanzó una advertencia que puede resultar especialmente importante para los próximos meses: los mecanismos que habían permitido contener parcialmente los precios del petróleo desde el comienzo del conflicto con Irán están prácticamente agotados.
Durante una conferencia de energía de la University of Texas at Austin, Wirth explicó que distintos países habían liberado petróleo de sus reservas y que Estados Unidos también flexibilizó restricciones sobre crudo almacenado en buques procedentes de países sancionados. Según el ejecutivo, esos “colchones” ya cumplieron su función.
“Es más difícil imaginar un escenario en el que los precios bajen rápidamente”, señaló Wirth, quien considera que durante los próximos meses los riesgos continúan inclinándose hacia nuevas subidas.
La advertencia llega en un momento particularmente sensible. El precio promedio del diésel en Estados Unidos alcanzó el jueves los US$6 por galón por primera vez, en medio de las consecuencias del conflicto con Irán y los ataques ucranianos contra refinerías rusas, que han aumentado la presión sobre la oferta mundial.
Para las empresas estadounidenses, posiblemente sea este último dato el que merece mayor atención.
El diésel mueve buena parte de la economía: camiones, distribución, construcción, agricultura y numerosos procesos industriales dependen directamente de este combustible. Cuando su precio aumenta, las compañías deben decidir entre absorber el incremento de costos, reducir márgenes o trasladar una parte al consumidor.
Las aerolíneas también enfrentan mayores costos energéticos, mientras que las empresas que importan o distribuyen productos pueden experimentar incrementos adicionales en transporte y logística.
El problema puede terminar llegando nuevamente a la inflación. Si la energía permanece cara durante varios meses, aumentan los costos empresariales y se complica también el trabajo de la Reserva Federal, precisamente cuando los mercados intentan determinar la futura dirección de las tasas de interés.
El viernes hubo cierto alivio: el petróleo retrocedió después de las fuertes subidas de los días anteriores. Pero el Brent terminó la semana todavía por encima de los US$100 por barril, reflejando la enorme volatilidad del mercado energético.
El mensaje de Wirth, por lo tanto, no es simplemente una predicción sobre petróleo. Es una advertencia empresarial: el mundo utilizó buena parte de los mecanismos que tenía disponibles para amortiguar el impacto inicial de la crisis energética. Si esos colchones desaparecen, el próximo aumento puede llegar más rápidamente a los balances de las empresas y al bolsillo de los consumidores.








