Redacción/ Miami.
Venezuela sigue viviendo momentos de desigualdad, desequilibrio y corrupción latente, donde un gobierno dictador altera las leyes a su gusto y beneficio, escudándose bajo obsoletos modelos políticos y económicos para engañar a los cada vez menos creyentes de la buena fe de unos “líderes” que tienen sumido al país suramericano, en la peor crisis de su historia.
El gobierno de Nicolás Maduro, siempre ante una potencial amenaza a su poderío ingenia alguna maroma política que anule a la oposición, y en este caso, el Tribunal Supremo de “Justicia” de Venezuela (TSJ), anunció un fallo en el que descaradamente tomarán el rol de los diputados desplazando a estos y haciendo que la oposición que domina el congreso, prácticamente pierda su poder político.
No es la primera vez que la oposición del congreso haya sido anulada por el TSJ.
«Se advierte que mientras persista la situación de desacato y de invalidez de las actuaciones de la Asamblea Nacional, esta Sala Constitucional garantizará que las competencias parlamentarias sean ejercidas por esta Sala o por el órgano que ella disponga», alega el TSJ.
Y al haber adquirido el TSJ estos nuevos poderes su primera medida fue la de autorizar a Nicolás Maduro para fundar empresas mixtas en el área petrolera, invalidando el conducto regular que debería hacer al pasar una iniciativa así por el congreso para ser aprobada.
Ante esto el indignado congreso opositor venezolano se pronunció, en lo que califican como un descarado acto de corrupción y tiranía. «Este parlamento se rebela y desconoce esta sentencia de la Sala Constitucional», afirmó Julio Borges, presidente del legislativo. «A nosotros nos eligieron 14 millones de venezolanos». Añadió.
También el líder opositor, Henrique Capriles calificó el hecho desde Bogotá como un “Golpe de Estado”.
«¿Qué más pruebas necesita la comunidad internacional para terminar de fijar posición unánime y firme de que en Venezuela hay una dictadura?», planteó Capriles.
El hecho es cada vez más preocupante, en un país totalmente monopolizado y controlado a su antojo por un despiadadamente caprichoso gobierno que maneja como fichas de ajedrez a los habitantes de un grandioso país que está controlado por unas siniestras manos.










