Lo que más llama la atención es que no solo cruzan por la frontera personas mayores, sino menores que llegan sin compañía
La frontera sur de los Estados Unidos es como un colador. Similares a otros países. La diferencia es que cientos de miles de personas buscan un futuro mejor para ellos y sus familias.
Con la administración del presidente Joe Biden los cruces fronterizos se multiplicaron desde que comenzó su gobierno luego de eliminar algunas restricciones implementadas por el anterior gobierno de Donald Trump.
Estas decisiones potenciaron el cruce de personas a través de la frontera entre Estados Unidos y México.
De acuerdo a un informe publicado por el diario Washington Post “el número de personas detenidas por la patrulla fronteriza de Estados Unidos ha alcanzado los niveles más altos en los 100 años de historia de la agencia bajo Biden, con un promedio de 2 millones por año”.
La cifra es impresionante, pero lo que más llama la atención es que no solo cruzan por la frontera personas mayores, sino que hay una cantidad enorme de menores que llegan sin una compañía de un mayor.
Toda esta situación es muy dolorosa.
Pero los migrantes no solo vienen de México. Según el informe del Post bajo el gobierno de Trump, “alrededor del 80 por ciento de los migrantes puestos bajo custodia de Estados Unidos eran de México, Guatemala y Honduras. El año pasado, esos tres países representaron menos de la mitad de todos los cruces fronterizos. Migrantes de Venezuela, Colombia, Perú, Senegal y Mauritania, junto con otras naciones de África, Europa y Asia, están cruzando desde México en cantidades que las autoridades estadounidenses nunca habían visto”.
Además, esta cruzando la frontera en forma indocumentada migrantes de China e India.
En los últimos días hubo una tentativa de acuerdo sobre una reforma migratoria que ya nació muerta, en palabras de los propios legisladores. El proyecto de reforma no prosperó.
Hace años que se viene discutiendo sobre este tema más que importante para el país, pero de un lado y del otro siempre tienen excusas para no avanzar.
Por Eduardo A. Hapke/ Miami











