Miami, FL, viernes 7 de noviembre de 2025.
El jueves 6 de noviembre el Senado de Estados Unidos rechazó una resolución respaldada por senadores demócratas que buscaba limitar la capacidad del presidente para lanzar operaciones militares contra Venezuela sin autorización explícita del Congreso. La medida fracasó en una votación estrecha que reflejó una división partidista profunda: 51 a 49 en contra. Este resultado deja en evidencia la dificultad de crear un control legislativo inmediato sobre decisiones ejecutivas relacionadas con el uso de la fuerza.
Qué ocurrió y por qué importa para los mercados y empresas
La resolución —promovida como respuesta a una reciente serie de operaciones militares y de inteligencia vinculadas a Venezuela— intentaba forzar al Ejecutivo a retirar fuerzas o impedir nuevas hostilidades no autorizadas por el Congreso. Su fracaso implica que la Casa Blanca mantiene mayor margen de maniobra para acciones unilaterales, lo que aumenta la incertidumbre geopolítica en la región. Para empresas y mercados, esa incertidumbre tiene efectos concretos: volatilidad en los precios del petróleo de corto plazo, riesgo para rutas marítimas en el Caribe, y potenciales sanciones o medidas secundarias que afecten comercio e inversiones.
Lo que dice la administración — y por qué algunos no se lo creen
Funcionarios del gobierno aseguraron a legisladores que no existen planes inmediatos para una invasión o grandes operaciones terrestres en Venezuela y trataron de enmarcar las acciones recientes como respuestas contra narcotráfico y amenazas transnacionales. Sin embargo, críticos y expertos legales han advertido que ciertas operaciones —como ataques a embarcaciones en el Caribe y autorizaciones a la CIA para operaciones encubiertas— se están llevando a cabo sin un mandato claro del Congreso, lo que abre debates sobre la legalidad y el precedente político.
¿Qué ha dicho Donald Trump y cómo influye eso en la probabilidad de un ataque?
El propio presidente ha combinado retórica agresiva —afirmando que “los días de Maduro están contados” y justificando medidas duras— con declaraciones públicas minimizando la posibilidad de una guerra total (“I doubt it. I don’t think so.”). Esa mezcla de firmeza retórica y negación operativa crea dos mensajes simultáneos: uno orientado a presión política y público, y otro dirigido a mitigar alarmas internacionales y domésticas. En la práctica, las declaraciones presidenciales y las órdenes para operaciones encubiertas elevan el riesgo político, aunque no garanticen una operación militar a gran escala en el corto plazo.
Evaluación del riesgo — ¿es probable un ataque pronto?
La respuesta corta es: posible pero no inminente. Motivos que aumentan el riesgo:
- Existencia de operaciones militares limitadas (ataques a embarcaciones) y actividades encubiertas que muestran escalada.
- Un Ejecutivo con mayor margen de maniobra tras el rechazo del Senado a la resolución.
- Retórica pública que mantiene la presión sobre el régimen de Caracas.
Motivos que apuntan a que un ataque a gran escala no sea inminente:
- La Administración ha dicho públicamente que no planea una invasión y ha intentado tranquilizar a aliados y al Congreso.
- Costes políticos, militares y económicos significativos asociados a una intervención terrestre en un país del tamaño de Venezuela (opinión dominante entre analistas). Impacto potencial y señales a monitorear
Para expertos y analistas, algunas señales concretas que indicarían aumento real en la probabilidad de un ataque son: despliegues sostenidos y visibles de fuerzas navales o aéreas en la región; órdenes de emergencia para evacuación de personal diplomático o corporativo; autorizaciones públicas para operaciones cinéticas más amplias; o un cambio claro en la narrativa oficial que pase de “acciones limitadas contra narcotráfico” a “objetivos de seguridad nacional” mayores.
Por Santiago Ávila










