Redacción/ Miami.
Aunque Trump haya sido muy duro con China desde el inicio de su campaña, finalmente la Casa Blanca ha comprendido la importancia que tiene mantener una buena relación con China. El gigante asiático y Estados Unidos han sellado un acuerdo que les mantendrá unidos durante los próximos 5 años. Todo ello fundamentado en la necesaria colaboración económica a pesar de la división de pareceres sobre Corea del Norte.
Trump ha realizado una gira internacional en uno de los puntos donde le es más complicado mostrar al resto del mundo su poder. Sin embargo, desde su aterrizaje a Asia ha tratado de mostrar al resto de países su capacidad para dirigir el mundo en este punto del planeta. Ahora, los dos países más importantes del mundo en términos económicos han llegado a un acuerdo para mantener una cooperación que beneficie a ambas naciones. Con ese objetivo, los líderes acordaron usar dos vías: aumentar de manera inmediata las importaciones chinas de EE.UU. con una multiplicación de las compras de gas líquido (LNG) en el mercado norteamericano. Las importaciones de shale gas estadounidense alcanzarían a US$50.000 millones por año en 2020, lo que implicaría una reducción de 30% en el superávit comercial.
De hecho, en los últimos cinco años, el presidente chino Xi Jinping ha modificado la matriz energética de la República Popular y ha disminuido en más de 30% el consumo de carbón como fuente energética principal, sustituyéndolo por las importaciones de gas natural, sobre todo con las procedentes de EE.UU. a partir de este año. En términos de energía, China es uno de los países más polucionados del mundo. No obstante, su intención es tratar de acercar el país a la producción limpia de otras naciones. Sin embargo, el 70% de la energía que China produce proviene de una energía que produce tanta polución como es el carbón.










