Redacción/ Miami.
Lo acompañó por los campos de golf donde el presidente Trump ha campado a lo largo de su millonaria vida. Lo que no sabía era que acabaría teniendo una gran responsabilidad dentro de la Casa Blanca. Daniel Scavino es director de redes sociales y comunicación digital de la administración ejecutiva de Estados Unidos. Y no parece cualquier cosa: Trump ha mostrado hasta ahora su cara más polémica a través de Twitter donde parece decir lo que le apetece sin pensar en los efectos que sus declaraciones pueden tener en el mundo.
Todo comenzó entre hoyos. La lealtad se fue fraguando poco a poco y parece que para Trump, quien vive continuamente en una guerra contra todos, es lo más importante. Porque las capacidades y la formación parecen haberse desplazado a un segundo plano. En una revista propia del club Westchester, uno de los clubes de golf propiedad de Donald Trump, cuenta cómo fue la primera vez que conoció al actual máximo mandatario estadounidense. “Nunca olvidaré el día que su limusina aparcó en el club por primera vez. Me quedé petrificado. Recuerdo su primera propina. Me dio dos billetes de 100 dólares cada uno. Todavía los conservo”, cuenta Scavino. El propio Trump predijo el futuro de su caddie en ese momento. “Me dijo: trabajarás para mí”, afirma Scavino.
Scavino consiguió ascender dentro de la Organización Trump gracias a su “absoluta disponibilidad, sin importar el trabajo que hubiera que hacer”. Pero esa disponibilidad sin una base sólida y con unos hábitos parecidos a los del presidente ya le han valido varios problemas tanto a su jefe como a él mismo. En su cuenta, es habitual ver insultos, palabras malsonantes, ataques personales a otros líderes, por lo que ha recibido ya un toque de atención. Esa actividad le ha valido un toque de atención dentro de la Casa Blanca por reclamar, desde su cuenta de Twitter, la destitución de un congresista republicano que se opuso a la reforma sanitaria de Trump. Existe una ley federal que impide a los empleados del ejecutivo comentar acerca de actividades políticas. El ascenso meteórico puede acabar en debacle si no es capaz de frenar su incontenible voluntad a la hora de redactar tuits demasiado agresivos.










