Miami, FL, 9 de enero de 2026. Estados Unidos ha dado a conocer un plan para asumir el control de la comercialización del petróleo de Venezuela, en un movimiento sin precedentes que se anuncia tras la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, en una operación militar reciente.
El secretario de Energía de EE. UU., Chris Wright, explicó que el país gestionará la venta del crudo venezolano —incluyendo el petróleo ahora almacenado y la producción futura— y que los ingresos se depositarán en cuentas bajo control estadounidense. Según las autoridades, estos fondos podrán ser utilizados “en beneficio del pueblo venezolano y de los estadounidenses”, aunque no se han ofrecido detalles precisos sobre los mecanismos de distribución o supervisión.
El plan contempla la comercialización del petróleo primero en Estados Unidos y luego en mercados globales, con la intención de sacar al mercado entre 30 y 50 millones de barriles inicialmente y seguir vendiendo crudo venezolano de manera indefinida. Washington también busca facilitar la exportación mediante la adopción de agentes diluyentes y la posible cooperación con refinerías estadounidenses y otros compradores internacionales.
Este enfoque se inscribe dentro de una estrategia más amplia que, según funcionarios estadounidenses, busca estabilizar la economía venezolana y apoyar la recuperación de su industria petrolera, que ha estado muy debilitada durante años. No obstante, expertos señalan que revitalizar la producción a niveles históricos requerirá inversiones significativas y tiempo, dada la mala infraestructura y el estado actual de la industria.
La iniciativa generó reacciones inmediatas a nivel internacional. La administración Trump ha sido criticada por la naturaleza de la operación contra Maduro y por el control extendido que propone sobre un recurso clave para Venezuela, uno de los países con las mayores reservas de crudo del mundo. Organismos internacionales y gobiernos han cuestionado la legalidad de estas acciones y su impacto sobre la soberanía venezolana.
Mientras tanto, compañías energéticas estadounidenses han mostrado interés en participar en la producción y exportación del crudo, en un contexto donde varias petroleras globales compiten por contratos vinculados al petróleo venezolano bajo la supervisión de Washington.
Este plan marca un hito en la política energética y geopolítica de Estados Unidos en América Latina, con consecuencias que aún están por evaluarse en términos económicos, diplomáticos y de derechos internacionales.










