Redacción/ Miami.
Mauricio Macri, presidente de Argentina, respira después de que su equipo de ministros asumiera a finales del pasado mes de diciembre que tendrá que reconsiderar su objetivo de inflación, elevando hasta cinco puntos su meta para el próximo año. El déficit fiscal le ha dado una buena noticia a su gobierno con el anuncio por parte del ministro de Hacienda del ejecutivo de que la diferencia entre ingresos y egresos se situó en el 3,9% en lugar del 4,2% previsto por el gobierno argentino.
La inflación se ha convertido, sin lugar a dudas, en el mayor enemigo del gobierno argentino. El Banco Central ya dijo a finales de 2017 que la inflación creció un 46% por encima del máximo fijado por el ejecutivo. En términos interanuales, este escenario significa que el acumulado anual casi supera el 25%, en lugar del 17% colocado como objetivo por parte de Macri. La situación en Argentina ha estado sacudida a lo largo del pasado año por el conflicto social que ha acarreado la serie de medidas impuestas por el nuevo ejecutivo, que llegó al gobierno con el objetivo de recuperar un país que estaba sumido en una crisis de deuda y de inflación. No obstante, las medidas de Macri se han situado en la austeridad y en la escasa inversión económica por parte del Estado, lo cual ha perjudicado algunos sectores profesionales públicos que han originado huelgas y protestas.
El ministro Dujovne también anunció las metas del ejecutivo para 2018 en materia de déficit y divididas por trimestres. Dujovne fue bastante concreto a pesar del varapalo del pasado año. El reto del Gobierno es llegar a un 0,6% en el primer trimestre; 1,6% en el segundo; 2,2% en el tercero y concluir 2018 con un acumulado de 3,2%.










