Redacción/ Miami.
El exsheriff de Arizona, Joe Arpaio, hacía lo que le venía en gana. A la orden estatal de dejar de “cazar” personas basándose tan solo en su aspecto físico, Arpaio decidió personalmente que él tenía una misión: detener a todos los indocumentados que habitan en Estados Unidos sustentando la identificación en el color de piel.
Este procedimiento se realizaba antes de que en 2011 un juez federal de Arizona ordenase a Arpaio que dejara estas prácticas consideradas ilegales. Sin embargo, Arpaio continuó ordenando el mismo modus operandi a sus subordinados. Ahora, Arpaio se enfrenta a una sentencia por desacato que podría acabar con el exsheriff en prisión por 6 meses. La actitud racista de Arpaio provocaba esta forma de trabajar que identificaba a las personas como sospechosos por su color de piel y no por algún movimiento sospechoso. Todo surgió gracias a una denuncia colectiva contra Arpaio por el trato que el policía daba a todo aquel que él podría considerar latino e indocumentado. La sentencia de este lunes considera que Arpaio ignoró deliberadamente esta orden y siguió aplicando las mismas tácticas, que han afectado totalmente a los hispanos. Los abogados de Arpaio argumentaron que la orden del juez en la que se instaba a las fuerzas policiales del Estado a dejar estas prácticas de detención, no estaba clara.
Arpaio fue un perfil muy importante para Donald Trump. Para Arpaio, el magnate siempre se comportó como un verdadero candidato a la presidencia de los Estados Unidos. Por ello, participó junto a él en mítines de campaña en el suroeste. En los años de Arpaio, los agentes del sheriff de Maricopa eran prácticamente agentes de inmigración, que mantenían detenida a gente sin ningún delito más que ser sospechoso en tener papeles, mientras la Policía de Inmigración (ICE) comprobaba los datos. Después, los entregaban para enfrentar el proceso de deportación. Este procedimiento es el que desea instalar Donald Trump.










