Redacción/ Miami.
Entre muros, declaraciones sonantes y gestos simbólicos llega finalmente un asunto muy importante en cuanto a la relación entre Estados Unidos y México. Porque las ventajas comerciales sí tienen una consecuencia inmediata que es la generación de ingresos. La renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte se inicia durante esta semana con los ojos puestos en las reacciones de Trump a los avances.
El presidente estadounidense reflexionó, al inicio de su presidencia, acerca de la posibilidad de acabar definitivamente con el tratado. Para Trump, el acuerdo que elimina los aranceles entre ambos países junto a Canadá ha servido tan sólo para perjudicar la economía estadounidense que no puede luchar contra las condiciones laborales de México que derivan en un menor coste de los productos que se generan en este país. El tratado ha sido defendido y criticado desde la fundación del mismo en 1994, bajo la presidencia de Bill Clinton en la Casa Blanca. Desde entonces, la balanza comercial es concluyente: Estados Unidos pasó de poseer un excedente de 1.300 millones de dólares a presentar un déficit de 64.000 millones de dólares. Sin embargo, es evidente que Canadá y México se convirtieron automáticamente en proveedores de Estados Unidos y el hecho de que el dólar se impusiera como la única moneda válida para las transacciones monetarias entre los tres países favoreció la estabilidad de la divisa de Estados Unidos.
El acuerdo también tuvo pros y contras para México que vio cómo su comercio se focalizó todavía más en Estados Unidos, alcanzando en la actualidad el 80% del cómputo global de sus exportaciones. Sin embargo, esta situación no ha modificado las condiciones económicas y laborales del país creando incluso una mayor pobreza. Entre los asuntos a debatir en esta nueva negociación está la convivencia de la industria automovilística de EEUU con México que ha aglutinado varias plantas de fabricación de vehículos en detrimento de las que se erigían en terreno estadounidense.










