Redacción/ Miami.
En Estados Unidos ya nadie quiere ser piloto de guerra. El oficio de aviador que se va a las catacumbas del planeta para lanzar bombas o realizar transportes militares ya no está de moda. Según el Departamento de Defensa, hacen falta 1.550 pilotos, 1.210 de ellos de combate. Para solventar temporalmente la situación, el presidente ha firmado un decreto para que sean llamados pilotos que ya se habían retirado.
Trump solicitó la llamada de nuevos pilotos a la compañía conocida como National Emergencies Act. La Air Force, creada para proveer al ejército estadounidense personal de las Fuerzas Aéreas en el caso de que lo necesiten. La National Emergencies Act. La Air Force cuenta con 12.600 pilotos entre sus filas. No obstante, la vuelta a las filas del ejército estadounidense es voluntaria. La llamada a filas del presidente Trump se produce justo en un momento en el que Estados Unidos ha elevado la tensión de su política internacional al recrudecer su discurso contra Irán y al huir de una respuesta pacífica frente a las amenazas de Corea del Norte. Además, Trump decidió el pasado verano reforzar la acción de EEUU en Afganistán, donde la guerra dura ya 16 años, desde la invasión estadounidense tras los atentados del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas de Nueva York. Trump anunció también el pasado verano que elevaría el presupuesto militar destinado a potenciar el entrenamiento a militares afganos, con el objetivo de que las tropas norteamericanas dejen el país en un corto plazo de tiempo.
Otro punto álgido de la política militar estadounidense es el enfrentamiento continuo con el Estado Islámico. A pesar de que en los últimos meses la organización terrorista ha perdido una gran extensión del territorio que había conquistado en Siria e Irak, parece que la presión militar de los países de alrededor junto al apoyo de EEUU y Rusia ha decantado la balanza en contra de los intereses del Estado Islámico.










