Miami, lunes 21 de septiembre de 2020
De veranos cálidos e inviernos gélidos, con bosques y lagos cubriendo las tres cuartas partes de su territorio y más de 1.500 islas, la República de Estonia se extiende a lo largo de 45.227 km². Quien dirigió el país durante una década (2006-2016), Toomas Hendrik Ilves, llegó a asegurar que “no muchos saben dónde está Estonia, pero todos conocen Skype, así que ahora digo que soy el presidente del país donde está Skype”. Allí nació hace 17 años esta herramienta de comunicación, pasando a convertirse en una de sus mejores tarjetas de visita. Si acudimos a la geografía, situamos a Estonia limitando al norte con el golfo de Finlandia, al oeste con el mar Báltico, al sur con Letonia y al este con el lago Peipus y Rusia. Su característica inundación de primavera, que puede llegar a elevar hasta cinco metros el nivel del agua, hace que los más de 1,3 millones de estonios no pasen al año por nuestras acostumbradas cuatro estaciones, sino por cinco. Con una densidad de población de 30,3 personas por km2 –casi cuatro veces menos que la media de la Unión Europea–, la Organización Mundial de la Salud sitúa al país báltico como el cuarto del mundo con mejor calidad de aire urbano y diferentes encuestas lo colocan entre los más optimistas de la UE.
En la Unión ingresa en 2004 y en 2011 adopta el euro como moneda, pero es desde 1991, a partir de su independencia de la URSS, cuando empieza a asentar las bases de una historia reciente de éxito, que se explica por la indisoluble unión de su carácter pionero y su ambición tecnológica. Las edificaciones medievales y las catedrales ortodoxas rusas pasan a convivir con el vidrio y el acero de la arquitectura más moderna para albergar centros de negocios y de emprendimiento, con la capital Tallin destacando como el “Silicon Valley del Báltico”. Partiendo de una situación frágil y precaria, Estonia muda de piel, de la analógica a la digital. “Desde que recuperó su independencia, el mayor desafío fue comenzar a construir un estado funcional desde cero, sin disponer de muchos recursos. Nos dimos cuenta, ya en la década de los noventa, de que la burocracia no funciona y que para resolver los problemas que teníamos necesitábamos crear una sociedad democrática transparente, donde la confianza y la eficiencia son claves. Por tanto, elegimos el camino de la digitalización. Hoy, el 99% de nuestros servicios públicos son accesibles en línea: están centrados en los ciudadanos, son fáciles de usar y, lo más importante, también son seguros”, explica a Forbes Anett Numa, portavoz y ponente del e-Estonia Briefing Centre, un centro ejecutivo y de innovación, con sede en Tallin, que forma parte del Enterprise Estonia y que tiene un papel integral en la promoción y divulgación de la experiencia de digitalización del país. “La construcción de esta sociedad digital no ocurrió de la noche a la mañana”, enfatiza, pero “desde el comienzo, se establecieron sólidas alianzas público-privadas que han sido determinantes”.
La multinacional de soluciones tecnológicas Nortal fue una de las compañías que ayudaron a edificar la e-Estonia, la Estonia digital, contribuyendo a erigir “un 30-40% de las soluciones de Tecnología de la Información (TI) del sector público”, detalla a Forbes su director de Área de Negocios, Peeter Smitt, que identifica la alfabetización digital como una de las piedras angulares de todo el proceso. Destaca que “uno de los primeros y grandes hitos fue el programa nacional Tiger Leap puesto en marcha en 1996, con dos objetivos principales: educar a la población en cómo usar el ordenador e internet y asegurar la conexión a la red de todas las escuelas y bibliotecas públicas. Creció así la conciencia y la confianza en las soluciones digitales”.
Estonia elaboró un plan estratégico para actualizar sus infraestructuras locales de TI y estableció como prioridad en las escuelas el desarrollo de habilidades informáticas y digitales, con materias como la ciberseguridad, la robótica y la programación. Hoy en día y desde hace años, sus estudiantes copan los primeros puestos del informe PISA, que reconoce su excelencia y rendimiento académico. “La mejor manera de preparar al ciudadano es educarlo”, recalca Anett Numa, que subraya el trabajo de la Fundación Look@World, creada en 2001 y dirigida a promover el uso de ordenadores e internet entre las personas mayores. “Es importante incrementar la alfabetización digital en todos los grupos de edades. Hoy, el 92% de la población estonia usa internet regularmente”, comenta.
En el año 2000, este pequeño estado báltico se convirtió en el primer país en aprobar una Ley de Telecomunicaciones por la que se declara el acceso a internet un derecho universal. Ese mismo año desaparece del Consejo de Ministros el papel y se permite a los ciudadanos realizar la declaración de la renta online. Actualmente, el 98% de las declaraciones se presentan electrónicamente y los estonios tardan de uno a tres minutos en completar el trámite.
Fuente: Forbes España









