Redacción/ Miami.
El huracán Irma llegó a Estados Unidos provocando numerosos destrozos. Atravesó la costa del país con vientos de 215 kilómetros por hora. Tres personas, al menos, murieron en los cayos de la Florida y Estados Unidos declaró la zona de gran desastre. Después, el huracán perdió fuerza y bajó a categoría 2.
El sur del estado fue el más perjudicado por el huracán que amenazó la zona oeste del departamento sin que finalmente llegara con la fuerza suficiente como para prolongar su devastación. Eso sí, a su paso dejó dos millones de personas sin luz y tres personas fallecidas, al menos, en la zona en la que los vientos fueron más fuertes: los cayos. Las autoridades gubernamentales habían sido extremadamente exhortativas a la hora de pedir a los ciudadanos que evacuaran la zona o mantuvieran la seguridad necesaria para evitar peligros. De hecho, seis millones de personas abandonaron sus hogares para ponerse a salvo en los numerosos refugios habilitados para ello. El gobernador de la Florida, Rick Scott incluso llegó a decir que los habitantes de la Florida debían “mirar por sus vecinos, por sus familias y ayudar a quien puedan” en el transcurso del huracán.
Lo cierto es que la tormenta había venido precedida por el terror que había dejado en las islas caribeñas. República Dominicana, Antigua y Barbuda, Puerto Rico o Cuba habían sufrido cuantiosos daños materiales y humanos. La extensión del huracán que tenía el tamaño de Francia y la potencia de sus vientos hacían prever lo peor. Ante esa situación, la Florida rápidamente se encaminó a tratar de poner a salvo a sus ciudadanos. La psicosis se apoderó del pueblo estadounidense que rápidamente trató de huir o de comprar todo lo necesario para proteger sus hogares. Finalmente, y aunque será necesario contabilizar los daños, Miami sufrió mucho menos de lo esperado. No obstante, Trump declaró la zona de gran desastre tras el paso del Irma.










