Por David Arévalo/ Bogotá-Miami.
Los republicanos afirman que la ley Dodd–Frank es excesivamente gravosa para los bancos. Los demócratas dicen que los estadounidenses aún no se han recuperado del golpe de 2008.
La crisis financiera en el mundo occidental del año 2008 trajo consigo consecuencias económicas, sociales y políticas. Económicamente, muchos países vieron cómo sus arcas se vaciaban; socialmente, la ciudadanía se preguntó si el modo de consumo había sido el adecuado, y políticamente varios países trataron de limitar el poder de los bancos, cuyas prácticas habían derivado en una burbuja que acabó por explotar. Casi una década después, los gobiernos comienzan a levantar la cabeza, miran hacia los lados para comprobar que ya no hay peligro y plantean desandar lo caminado, desregulando las políticas bancarias. Esa fue una de las grandes promesas políticas de Trump a lo largo de su campaña presidencial.
En esta edición de Negocios Magazine consultamos a distintos presidentes de bancos acerca del presente y futuro de la banca. Además, dialogamos con empresas que desarrollan nuevas tecnologías para poder entender mejor cómo será la interacción entre los bancos y sus clientes.
Ley Dodd–Frank, en discusión
La ley Dodd–Frank fue aprobada en el año 2010, al inicio de la gestión de Barack Obama. Con el fantasma de la quiebra de Lehman Brothers en 2008 y la influencia de la burbuja inmobiliaria alimentada por los préstamos bancarios, Obama decidió acometer una serie de medidas que redujeran los límites de poder de los bancos, y protegieran a los ciudadanos en el caso de que el dinero público tuviera que utilizarse, de nuevo, para rescatar una entidad financiera privada. El Partido Republicano ha calificado esta ley desde su creación como un conjunto de medidas excesivamente gravosas para los bancos y poco eficientes para los ciudadanos. Los banqueros también afirman que las regulaciones son excesivas. En relación con ese pensamiento, Trump ha presentado la derogación del texto como uno de sus caballos de batalla con los que lograr un crecimiento pujante de la economía estadounidense.
Trump ha chocado en reiteradas ocasiones con el sistema político estadounidense a lo largo de este primer año de gobierno. En este asunto no iba a ser diferente. Aunque el pasado 8 de junio, el proyecto de ley pasó sin grandes problemas por una de las comisiones del Congreso estadounidense, para que sea debatido, ahora es el turno del análisis del Senado. Para conseguir la aprobación del Senado, los Republicanos necesitan el voto de 60 senadores y, en la actualidad, sólo cuentan con 52. En principio, el Partido Republicano, encabezado por el presidente de la cámara, Mike Pence, deberá mostrar sus dotes negociadoras para convencer a 8 senadores demócratas de que voten a favor del texto. El Partido Demócrata, en palabras de Sherrod Brown, ya anunció que “los estadounidenses trabajadores aún no se han recuperado del golpe de 2008” y que el deber de Wall Street es “proteger a sus ciudadanos, tratando de mantener un Wall Street responsable”.
Qué propone la nueva Ley
Pero, ¿cuáles serían esos cambios que se producirían si el texto de los Republicanos acaba saliendo adelante? En primer lugar, la nueva ley propone que se modifique el período de las pruebas de estrés a las que se deben someter las entidades financieras. El Departamento del Tesoro propone en su nuevo plan que se realicen cada dos años y no anualmente, como en el presente. Otro de los asuntos importantes de la ley es la derogación total de la llamada Regla Volcker. Según esta normativa, los bancos tienen restringidas sus operaciones de riesgo, tales como las ganancias rápidas. Tampoco pueden realizar operaciones propias haciéndolas pasar como cobertura y el límite de capital de los bancos está establecido en el 3%. El objetivo de esta regla es que los bancos no se hagan demasiado grandes hasta quebrar y que el Estado deba rescatarlos con dinero público. La nueva ley también plantea reducir los poderes del Consumer Financial Protection Bureau a la que califican como “agencia inexplicable” y con una capacidad de regulación excesiva.
Los bancos, tras conocer el texto propuesto por el Departamento del Tesoro, han mostrado su apoyo a la decisión de la Casa Blanca a través de un comunicado firmado por la American Bankers Association.
La pelota está ahora en el tejado de las cámaras de representación. El Senado y el Congreso pueden acordar una herramienta llamada “reconciliación” que podría permitir a los Republicanos aprobar el texto con mayoría simple en el Senado. Sin embargo, algunos senadores desean ver el texto definitivo, tras las posibles reformulaciones realizadas por el Departamento del Tesoro en las próximas semanas. Esta confrontación entre republicanos podría desarrollarse de la misma forma que la que ha bloqueado la derogación de la reforma sanitaria a la que aspira Donald Trump. Los próximos meses serán de enorme trajín en los pasillos y despachos de las cámaras estadounidenses. Mientras tanto, los bancos aguardan pacientemente el momento en el que puedan volver a ofrecer liquidez sin las restricciones de las que se aquejan.











