Redacción/ Miami.
La relación entre Londres y Moscú está llegando a niveles muy preocupantes para la armonía entre dos países con gran calado internacional. La muerte de un ex-espía ruso en territorio británico en circunstancias extrañas ha llevado consigo un revuelo en la diplomacia británica que ha acabado con la expulsión de 23 funcionarios rusos del territorio inglés. Además, el Gobierno de Londres ha suspendido cualquier comunicación con Rusia y ha anunciado que no enviará ninguna representación al Campeonato del Mundo de fútbol que se celebrará en territorio ruso a partir del próximo mes de junio.
El ex espía ruso Serguéi Skripal murió a causa de un gas nervioso, según la autopsia llevada a cabo por las autoridades británicas. En ese sentido, la primera ministra británica, Theresa May anunció la decisión de su ejecutivo. “No vemos otra conclusión alternativa a la de que el Estado ruso es culpable de la intentona de asesinato” de Skripal y de su hija, Yulia, quien también murió en el ataque. Esta declaración se produjo pocas horas después de que expirara el ultimátum que el Gobierno británico había dado al Kremlin para que explicara su posible implicación en el homicidio de Skripal.
Las medidas de fuerza anunciadas por el Gobierno británico se han desarrollado también en otros campos de la diplomacia entre ambos países. También se realizarán nuevos controles adicionales en los vuelos de aviones privados rusos, se paralizarán las inversiones estatales rusas en Reino Unido consideradas “sospechosas” y se cancelará cualquier intercambio oficial de carácter bilateral incluida la anulada asistencia de los duques de Cambridge al Mundial de Rusia. Esta estrategia británica de aislar a Rusia ha comenzado a preocupar al presidente del gigante del Este, Vladimir Putin, quien todavía no se ha pronunciado sobre el caso.










