Redacción/ Miami.
Una de las grandes decisiones que tiene frente a él López Obrador cuando llegue a la presidencia oficial de México, el próximo mes de noviembre, es qué hacer con las obras del nuevo aeropuerto de Ciudad de México. El inicio de su campaña estuvo marcado por sus ataques contra el inicio de estas obras, por no tener en cuenta el impacto medioambiental de la construcción y rechazar otras opciones más económicas para el pueblo mexicano. Sin embargo, desde que consiguió la victoria en las elecciones de este año, López Obrador no ha sido tan tajante con su postura.
De hecho, el gobierno electo ha dejado un periodo abierto para la presentación de informes y perspectivas por parte de quienes así lo deseen, y tengan algún interés por continuar con las obras o suspenderlas. La última organización que ha decidido dar su postura al espacio público ha sido la patronal mexicana, que ha situado en 6.300 millones de dólares la penalización en forma de pérdidas si se produce, finalmente, la cancelación de las obras del aeropuerto. Las obras están avanzadas ya al 30% de su ejecución y la suspensión de la misma sería muy perjudicial para las arcas públicas mexicanas. Este periodo de conversación y suma de perspectivas por parte de los diversos frentes en este entuerto estará culminado por un referéndum propuesto a los ciudadanos de la capital mexicana, a finales del próximo mes.
La postura de la patronal mexicana está liderada por Carlos Slim, la séptima persona más rica del mundo. Slim defendió sin tapujos el proyecto como elevador del crecimiento y empleos para el país. También se refirió a la concesión como la mejor fórmula empresarial para ejecutar las obras. En total, el sector privado asumiría el 100% de la titularidad de la infraestructura final.










