Redacción/ Miami.
Las informaciones que proceden de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte no son buenas para un presunto éxito en la rúbrica del nuevo acuerdo. Ninguno de los tres países que están en plenas negociaciones enviará a sus ministros para la nueva ronda de conversaciones que será la quinta mantenida entre los tres estados.
La canciller canadiense, Chrystia Freeland; el representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, y el secretario de Economía de México, Ildefonso Guajardo, aseguraron en el día de ayer a través de una nota conjunta que no asistirán a las reuniones que empezarán este próximo viernes por primera vez desde que los tres países empezaron la renegociación. En su lugar, el encuentro será capitaneado por los jefes negociadores de los tres países. Este hecho tiene más de gesto que de contenido real. Sin embargo, el gesto parece muy evidente a los ojos de la opinión pública. Ante esta información, el peso mexicano se ha debilitado hasta los niveles más bajos en los últimos ocho meses.
Sin embargo, la explicación ofrecida por los tres máximos responsables políticos de la negociación es que su inasistencia se producirá «para que los negociadores puedan continuar avanzando en los capítulos clave avanzados» en la última ronda, que se celebró en EE UU. Pero a nadie se le escapa que el mensaje de este anuncio significa que Freeland, Lighthizer y Guajardo no volverán a verse las caras hasta el año que viene en un momento en el que la iniciativa política es más necesaria que nunca para desencallar el acuerdo. Todas estas acciones se producen en torno a una estrategia de Trump de rigurosidad en los acuerdos alcanzados y en la idea del jefe de la Casa Blanca de que el mayor acuerdo comercial de todo el mundo no es beneficioso para el gigante estadounidense.










