Redacción/ Miami.
La llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México ha transformado las líneas rojas del gobierno de México. El nuevo presidente tiene como gran objetivo el fortalecimiento de la estructura social de un país que tiene numerosas lagunas en lo que concierne a la protección del ciudadano por parte del estado. López Obrador quiere evitar el endeudamiento de las arcas públicas y para ello ha diseñado unos presupuestos que tratan de ser más austeros en lo que se refiere al gasto político, y más protectores en lo relacionado con el gasto social.
El pasado sábado, el nuevo Gobierno presentó al Congreso del país la propuesta de su Paquete Económico y en su primera lectura se ve claramente cómo el nuevo mandatario mexicano apuesta por los programas sociales, la infraestructura, la sanidad y la energía. Para lograr este encaje de bolillos, el nuevo gobierno apuesta por una “escrupulosa mirada al principio de austeridad”, según las palabras del secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, en la presentación de la propuesta de los nuevos presupuestos del país.
Ahora por delante quedan 15 días en los que los legisladores mexicanos analizarán la propuesta de López Obrador en la que se prevé un gasto de 5,8 billones de pesos mexicanos. Urzúa reconoció que la economía global es poco favorable en la actualidad. Por ello, el presupuesto que ha diseñado el ejecutivo es prudente. “Tenemos que redireccionar el gasto posible a dos asuntos: capital humano e infraestructura pública”, ha asegurado Urzúa en esa presentación.










