Redacción/ Miami.
El nuevo presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, conoce bien la política de gestos. En su primer día de presidente real del país norteamericano, el gobierno del país anunció que venderá al avión presidencial, un Boeing 787-8 que costó 218 millones de dólares y que ahora vivirá en los hangares de una empresa logística ubicada en California, en el condado de San Bernardino. El aparato deja de ser parte del gobierno mexicano tras dos años y 10 meses al servicio del anterior presidente del país, Enrique Peña Nieto.
El avión presidencial buscará comprador desde estas instalaciones, con la ayuda de la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios de Proyectos que tratará de alcanzar un acuerdo satisfactorio para el gobierno mexicano, en relación a este avión que ha estado rodeado de polémica desde la adquisición del mismo por parte del anterior presidente, por su alto coste. “Honramos el compromiso de campaña del presidente Andrés Manuel López Obrador de enajenar la aeronave y dar un mejor uso al hangar que la ha albergado, demostramos con hechos la austeridad del Gobierno federal”, ha explicado Jorge Mendoza, director de Banobras, en relación a esta acción basada en la política de gestos con la que López Obrador trata de garantizar y consolidar la opinión pública favorable de su país.
López Obrador siempre estuvo en contra de la compra de este avión, desde que en el año 2012 Felipe Calderón, presidente por aquel entonces del país mexicano, autorizara la adquisición del nuevo avión como sustituto del “Benito Juárez”. Durante los cuatro años siguientes, y durante el gobierno de Peña Nieto, el nuevo avión fue construido a pesar de la oposición de algunos políticos contrarios del momento, como López Obrador. Finalmente, el llamado “José María Morelos y Pavón” se concluyó y realizó 600.000 kilómetros en 214 viajes diferentes, hasta llevar a Peña Nieto a Buenos Aires para asistir a la cumbre del G-20 del pasado fin de semana.










