Redacción/ Miami.
La trama rusa comienza a ofrecer nombres y delitos. Paul Manafort, quien fuera jefe de campaña de Donald Trump de cara a las elecciones presidenciales del mes de noviembre del pasado año, se entregó en el día de ayer al FBI junto a un socio suyo, Rick Gates. El ex asesor tendrá que responder ante los 12 delitos entre los que se incluyen la conspiración contra Estados Unidos y el lavado de dinero.
Los cargos, no obstante, no se centran en la campaña electoral, sino que lo hacen en la asesoría que un político ucraniano afín a Putin pudo hacer a la campaña del republicano. Recordemos que desde la publicación de diversos correos electrónicos de Hillary Clinton en los que el uso era personal, a pesar de hacerlos a través del correo institucional, se han producido varias acusaciones al bando republicano de mantener relaciones con el gobierno ruso para conseguir informaciones que perjudicaran a los demócratas y beneficiaran a la campaña de Trump, quien finalmente logró la victoria en parte beneficiado por las acusaciones contra Clinton al final de la campaña.
Un jurado indagatorio aprobó la acusación por los presuntos delitos el viernes, en el marco de la macroinvestigación que desde el pasado mes de mayo dirige un fiscal especial, Robert Mueller. Las pesquisas no se centran tanto en si Moscú quiso interferir en las elecciones estadounidenses ni en si esta presunta operación rusa tuvo algún efecto en los resultados electorales, sino si entre el Kremlin y la campaña de Trump hubo algún tipo de colaboración para favorecer la derrota de Hillary Clinton. Ese perfil de la investigación podría acabar perjudicando los intereses de Trump en el asunto.










