Redacción/ Miami.
Habíamos anunciado en este medio que Broadcom estaba cerca de hacerse con el control de Qualcomm. La fusión, ejecutada a través de una compra hostil, parecía muy cerca. Sin embargo, la compañía estadounidense, Qualcomm ha decidido finalmente rechazar la propuesta de Broadcom, que había valorado la empresa en 103.000 millones de dólares, a razón de 70 dólares por acción.
Sin embargo, la directiva de Qualcomm, que ha tardado una semana en analizar la propuesta, ha rechazado de forma unánime la intención de Broadcom. “La propuesta infravalora nuestra posición relativa de liderazgo en la tecnología móvil y nuestras perspectivas futuras de crecimiento”, aseguró ayer Paul Jacobs, presidente de Qualcomm, el mayor fabricante de procesadores para dispositivos inalámbricos en la industria de semiconductores. Además, la propia directiva de Qualcomm aseguró que los órganos reguladores no aceptarían una opa hostil de esta índole. Ese posible obstáculo se creía salvado gracias a que Broadcom anunció hace unas semanas que reinstalaría su sede principal en San Diego, desalojándola de Taiwan, su actual ubicación. Ese es el gran interés de la Casa Blanca, debido al deseo de Donald Trump de recuperar algunas de las compañías que abandonaron el suelo estadounidense para mantener o elevar el número de trabajadores en el país.
Qualcomm está inmerso, además, en una compleja lucha de patentes con Apple, que también es cliente principal de Broadcom. El fabricante del iPhone y de los ordenadores Mac se limitó a responder a la operación diciendo que iba a adoptar una posición constructiva. Por tanto, sobre el escenario se encuentran algunos de los actores más poderosos en el sector y todos desean acabar sacando algún beneficio de este laberinto.










