Redacción/ Miami.
A pesar de que las voces internacionales han asegurado en los últimos meses que la guerra en Siria estaba cerca de culminar, tras el retroceso que ha sufrido la organización terrorista de ISIS por las acometidas por EEUU, Rusia y el propio ejército sirio, lo cierto es que no parece poner el punto final. De hecho, existen muchos lazos sin atar en el final de este conflicto. La última información que ha zarandeado a los actores involucrados ha sido el supuesto ataque químico perpetrado por el gobierno sirio el pasado sábado.
Trump salió al paso de la información que ha sido rechazada por el gobierno de Siria inmediatamente, asegurando que el supuesto ataque es producto de un montaje realizado por los rebeldes que todavía se encuentran atrincherados en la ciudad de Duma, la única urbe de la periferia que todavía controlan y epicentro del presunto ataque. Las palabras de Trump han buscado asustar a Siria: “va a pagar un alto precio”, tuiteó el magnate tras describir a Bachar Al Assad, presidente del país árabe, como “un animal”. Esta amenaza no es baladí si recordamos la reacción del ejército estadounidense el año pasado con 59 misiles Tomahawk contra una base armada del gobierno sirio, tras otro supuesto ataque de gas químico contra civiles.
Trump también ha acusado a Rusia de proteger a Al Assad y permitir que se produzcan este tipo de ataques. Lo que debe ser investigado es la realidad de estos ataques, denunciados por la organización Cascos Blancos, grupo cercano a la perspectiva occidental del conflicto y que ha sido acusado en varias ocasiones de construir montajes mediante vídeos para legitimar los ataques de Estados Unidos e Israel a objetivos del gobierno de Al Assad.










