Redacción/ Miami.
Trump llegó a la Casa Blanca con pocas promesas dirigidas a cuestiones internas. Su ascenso se produjo claramente favorecido por la relación de Estados Unidos con el exterior y la petición de cambio por parte de un enorme número de votantes. Sin embargo, otra de sus grandes armas fue el interés que puso en reactivar a las empresas estadounidenses. Dentro de ese campo, Trump prometió relajar la presión fiscal, algo que ya hizo el pasado año en una primera etapa. Ahora, Trump reformará la ley de regulación financiera Dodd-Frank.
Era una petición de los empresarios del país. Sin embargo, la propuesta de Trump no es tan ambiciosa como se podría prever según las palabras del republicano cuando trataba de conseguir votos. Esta ley constituye el texto jurídico que permite la revisión exhaustiva de las entidades financieras pequeñas, medianas y grandes. La revisión de la Dodd-Frank, que ya ha pasado por el Congreso y el Senado, está encima de la mesa de Trump que deberá firmarla para hacerla efectiva. La revisión será más flexible en cuanto a pequeñas y medianas entidades, pero seguirá siendo exhaustiva en el caso de los grandes bancos. La causa de ello hay que buscarla en el hecho de que la sociedad estadounidense percibió a los grandes bancos como los causantes de la crisis económica que derivó en la recesión iniciada en 2008.
Entre las medidas que se mantienen en el nuevo texto legal está la agencia para defender a los consumidores ante productos financieros abusivos, que Trump ya pidió derogar. También mantiene el permiso a las autoridades para cerrar de forma ordenada los bancos que atraviesen momentos de dificultad.










