Redacción/ Miami.
Las maniobras conjuntas entre Corea del Sur y Estados Unidos pueden acabar con lo que parecía que iba a convertirse en la reunión más importante de la historia reciente en relación a conflictos bélicos internacionales. Donald Trump ha anunciado públicamente que la reunión que estaba prevista para el próximo 12 de junio en Singapur está pendiente de un hilo y que la actitud de Pyongyang respecto a una posible tregua duradera ha cambiado desde que se conocieron las maniobras entre Washington y Seúl.
Trump calificó de “sustancial” la posibilidad de que la reunión con Kim Jong-un se aplace o se suspenda. Y eso que las candidaturas al Premio Nobel ya habían salido a la luz e incluso las monedas acuñadas con motivos conmemorativos ya estaban elaboradas. Las palabras de Trump se supieron tras la reunión que mantuvo el jefe de la Casa Blanca con su homólogo de Corea del Sur, Moon Jae-in. El objetivo, de hecho, de esta reunión con el presidente surcoreano era tratar de salvar la negociación y que la escenografía en la que los presidentes de Corea del Sur y de Corea del Norte traspasaban la frontera militarizada desde el fin de la guerra entre ambas naciones no se convierta en ridícula.
Trump respondió de forma extensa a las preguntas que le hicieron los periodistas tras la reunión con el líder surcoreano. Parecía que tenía ganas de contestar y se refirió de forma específica a que la cumbre pudiera aplazarse. No obstante, no se mostró demasiado preocupado. “Puede que la cumbre no suceda el 12 de junio. Sin embargo, si sucede será genial, si no, estará bien” aduciendo a un posible retraso en la fecha de una cumbre que Trump cree que se realizará. Otro elemento que disgustó a Pyongyang fue la afirmación de altos funcionarios de la Casa Blanca en la que apostaban por “el modelo libio” para su desnuclearización, es decir, el fin de su arsenal nuclear en poco tiempo.










