Redacción/ Miami.
Trump se lava las manos en el asunto de Irán. El presidente estadounidense ha anunciado que dejará la ratificación del acuerdo en manos del Congreso estadounidense, aunque ha dicho que él no lo validará personalmente. El objetivo del presidente será el de ampliar el perímetro punitivo del pacto y ampliar las sanciones al programa balístico de la potencia de Oriente Medio.
Trump sigue estirando su discurso, tratando de colocar a los enemigos de EEUU entre la espada y la pared. Desde que el presidente llegó al poder, una de las causas principales en materia de política exterior fue la relación con Irán. Su antecesor en el puesto, Barack Obama, había llegado a un acuerdo histórico con Irán que tenía como objetivo mantener la calma y el estatus pacífico entre ambas potencias. En ese pacto, Estados Unidos aceptaba retirar las sanciones económicas a Irán a cambio de que la potencia árabe congelara su programa nuclear, del que no se conoce con exactitud la distancia a la que se quedó de la construcción de la bomba nuclear. Ese pacto, firmado en 2015, podría tener sus días contados si el Congreso estadounidense se posiciona en el mismo tren en el que viaja Trump.
A pesar de que Trump ha enviado la ratificación del acuerdo al Congreso y no lo ha roto, tal y como sus aliados europeos temían, la medida es una vuelta de tuerca más en el escenario de Oriente Medio. Las Cámaras estadounidenses tendrán 60 días para debatir y decidir el próximo paso que dará el gigante norteamericano. Trump propondrá al Congreso que añada nuevas acciones militares prohibidas al pacto y que se reanuden las sanciones económicas en el caso de que Irán las incumpla. Entre estas nuevas líneas rojas se incluye el desarrollo del programa balístico, que sería tratado por EEUU como si se tratase de un programa nuclear.










