Redacción/ Miami.
Donald Trump tiene un deseo. Que las grandes empresas estadounidenses devuelvan su producción al territorio de donde son originarias. Para eso necesita que varias compañías simbólicas y reconocidas tomen esa decisión. Una de ellas es Apple.
La tecnológica ha desarrollado diferentes acuerdos por todo el planeta en los que ha pactado instalar plantas de producción en aquellos lugares donde aumenta la rentabilidad de su negocio, gracias a los salarios bajos que se dan en algunos de estos países. Trump quiere que Apple olvide esos beneficios y vuelva a Estados Unidos.
Esta petición se produce en el marco de la guerra comercial entre China y Estados Unidos. La compañía fundada por Steve Jobs se había quejado de que este enfrentamiento, focalizado en la subida de aranceles entre ambos países podría perjudicar a Apple en la compra de diversos componentes que Apple necesita para la fabricación de sus dispositivos móviles. Trump respondió de forma algo cínica. En un tweet publicado el pasado sábado, el mandatario le dijo a Apple que tenía la solución para esa situación: “Comiencen a construir nuevas plantas ahora. ¡Emocionante!”, aseguró el republicano, a sabiendas de que Apple tiene interés por dejar sus plantas de producción en el gigante asiático.
Trump continuó su alegato asegurando que «los precios de Apple pueden aumentar debido a las tarifas masivas que podemos estar imponiendo a China, pero hay una solución fácil donde habría un impuesto CERO, y de hecho un incentivo fiscal», si la empresa de California decidiera llevar sus plantas de producción a Estados Unidos, y abandonar otros países donde el beneficio para el gigante norteamericano no existe.










