Redacción/ Miami.
Existe una figura en Estados Unidos que trata de garantizar la independencia del poder judicial frente al poder ejecutivo. Donald Trump la tiene ante él y no puede mover sus hilos de presidente para evitarlo. Es el denominado fiscal especial, que está nombrado a su vez por el asistente del fiscal general, en este caso Rod Rosenstein, quien es el titular del caso del espionaje ruso en las elecciones del pasado mes de noviembre.
Robert Mueller es el fiscal especial y ya ha dado un paso al frente en sus investigaciones. En el día de ayer hizo oficial su llamamiento a altos cargos de inteligencia de Estados Unidos para determinar si Donald Trump trató de obstruir la investigación sobre su participación en el caso del espionaje ruso, tal y como aseguró el ex director del FBI, James Comey, frente al Congreso, tras ser destituido por el jefe de la Casa Blanca.
Lo cierto es que la situación para Trump es cada vez más enredada. Lo que comenzó siendo una marejada que apenas se sentía en los medios de comunicación puede acabar apartándole de la presidencia. Porque si se descubre que hubo obstrucción por parte de Trump, se abre la puerta a un futuro impeachment que diera con el magnate fuera de la Casa Blanca. Pero falta mucho para eso. Sin embargo, Trump acusa el nerviosismo y continúa su escalada en las declaraciones que lanza sobre el asunto. A pesar de que es complicado medir el nivel de tensión del presidente por sus frecuentes salidas de tono, se puede vislumbrar que a Trump no le gusta nada este asunto: «Están presenciando la mayor caza de brujas en la historia política de América, dirigida por gente muy mala y conflictiva», dijo ayer en un tuit Trump. «Construyeron una falsa colusión con la historia rusa, no hallaron pruebas, y ahora buscan la obstrucción a la justicia con la historia falsa», concluyó. Realmente, lo que la Justicia quiere determinar es si el equipo de Trump se dedicó tan solo a coordinar con el Kremlin los ataques contra Hillary Clinton, tal y como aseguró el FBI, o si hubo una colaboración más alargada y profunda entre Trump y Putin.










