Redacción/ Miami.
Una de las características más resaltada por los defensores de las criptomonedas, como el caso de la célebre Bitcoin, es la dificultad existente para que se produzcan robos. Esta afirmación podrá ser rechazada desde el robo que se produjo el pasado viernes en Japón, cuando un grupo de hackers se hizo con 523 millones de unidades de la criptomoneda NEM por el valor de 430 millones de euros.
El atraco superó al célebre robo producido en 2014 que provocó la bancarrota de la compañía Mt. Gox y ha supuesto que las autoridades japonesas hayan decidido tomar cartas en el asunto para evitar que los ciudadanos y ciudadanas japoneses puedan perder todos sus ahorros o sus inversiones en un robo de piratas informáticos. Al menos 260.000 usuarios han sido afectados por este robo, según la propia empresa, que ha pedido perdón públicamente por el desfalco producido. La Agencia de Servicios Financieros de Japón ha establecido a la compañía Coincheck, la firma encargada de almacenar la criptomoneda, 15 días para que le entreguen un informe completo sobre el hurto, con el objetivo de aumentar el conocimiento de las administraciones públicas para evitar que se produzcan robos en el futuro.
A pesar de que la situación podría haber perjudicado enormemente a la compañía, lo cierto es que los valores de Coincheck apenas se han visto zarandeadas por la información. El anuncio inmediato por parte de la compañía de que reembolsará a todas las personas afectadas parece haber frenado a los inversores que se podrían haber visto animados a retirar sus inversiones. La criptomoneda es una divisa electrónica cuyo valor depende de parámetros matemáticos que sitúa a la moneda en un punto u otro.










