Por Eduardo A. Hapke/ Dublín, Irlanda.
La historia del irlandés más famoso del mundo Arthur Guinness no tiene desperdicio. Fue un emprendedor incansable y creador no solo de la popular bebida conocida como cerveza “negra” (en realidad es de color rojo rubí, si se la mira a trasluz), sino también de todo aquello que necesitaba para hacer crecer su negocio. Fue así como, en su fábrica de St. James’s Gate, Dublín, creo su propia red de trenes de carga para llevar de un lado al otro más rápido los insumos, transformó el sistema de producción, y logró transmitir su sueño a sus hijos y seguidores que llevaron su empresa a la máxima expresión mundial.

La historia de Arthur Guinness es una concatenación de decisiones arriesgadas y visionarias.
Estar presente en una de las fábricas de cervezas más tradicionales del mundo nos hace más que olfatear la cebada del ambiente, sentir dentro del lugar cómo se mantiene un legado por más de 250 años.
La historia de Arthur Guinness es una concatenación de decisiones arriesgadas y visionarias. En primer lugar, abandonó la cervecería que había comprado luego de heredar 100 libras de su padrino, el arzobispo Price. El 31 de diciembre de 1759, cuando Arthur tan sólo tenía 34 años, dejó la fábrica pionera a su hermano pequeño y se fue a Dublín donde adquirió una pequeña cervecera en desuso y mal equipada ubicada en St. James’s Gate, en la capital irlandesa.
Lo sorprendente fueron las condiciones del contrato de arrendamiento: 45 libras anuales durante los siguientes ¡9000 años! Esa decisión trajo consigo las críticas y preocupación de sus amigos y familiares que creían que Arthur Guinness había enloquecido por el contrato que había firmado. Nada más lejos de la realidad. Hoy ese contrato sigue vigente.
En un comienzo, fabricó cerveza rubia. Pero en 1770, un nuevo tipo de cerveza arribó Dublín. Arthur ya era un cervecero consagrado en la ciudad, pero todavía carecía de la resonancia internacional. Guinness observó el interés de los ciudadanos dublineses por esta nueva cerveza llamada “porter” que era popular entre los estibadores y porteadores de los puertos de Londres. Arthur decidió en 1799 fabricar este nuevo tipo de cerveza, negra. Es allí en donde comienza otra parte de la historia.
En medio de ese raid empresarial, Guinness tuvo 21 hijos de los cuales, 11 murieron cuando eran pequeños. En esa época el 50% de los niños morían por distintas enfermedades.
A mediados del siglo XVIII, el negocio de Arthur Guinness vivió un giro radical. Comenzó a exportar la cerveza más allá de la isla irlandesa. Su primera exportación fue en 1769, cuando seis y medio barriles de cerveza Guinness salieron de Dublín en un barco a vela con destino a Inglaterra. Recién el 16 de octubre de 1817, 8 barriles de cerveza fueron enviados a Carolina del Sur, Estados Unidos. En esta época, la empresa ya estaba en manos de Arthur Guinness II, luego del fallecimiento de su padre y fundador en 1803. El fundador supervisó el trabajo de su compañía hasta su muerte, dejando una fortuna personal de 23.000 libras de la época. Cada 27 de septiembre, es la fecha en que se recuerda cuando Arthur llegó a Dublín para crear la cerveza más famosa del mundo. Ese día, a las 6 de la tarde, todos los pubs en Irlanda levantan su vaso de cerveza para brindar por Guinness.
La exportación fue el sueño de Guinness y la clave del crecimiento del negocio. En 1858, la cerveza se comenzó a exportar a Nueva Zelanda. En 1868 la empresa ya había duplicado su tamaño en su lugar de origen, St. James’s Gate.

Hoy el negocio para Guinness se ha diversificado y hay un abanico de cervezas que van más allá de la clásica negra.
Desde 1997, la empresa se fusionó con Grand Metropolitan para formar Diageo PLC y en 2006 recibió una capitalización por más de 40.000 millones de euros. La familia de Guinness todavía posee el 51 por ciento de la cervecería.
En el año 2000, la antigua planta de fermentación de la St. James’s Gate se transformó en la Guinness Storehouse, un museo interactivo que rápidamente se convirtió en la atracción turística más visitada en Irlanda con 1.5 millones de visitantes anuales.
Hoy el negocio para Guinness se ha diversificado y hay un abanico de cervezas que van más allá de la clásica negra. La cervecería St. James’s Gate representa el 35% de la producción global de cerveza. El 70% de esa producción, que suma a 1,2 billones de litros anuales, se exporta a más de 130 mercados en todo el mundo. 250 años después, el legado emprendedor de Arthur Guinness es saboreado por millones de personas en todo el mundo.
Informe: David Arévalo











