Redacción/ Miami.
Es el claro objetivo de Coca-Cola: ser el rey del mercado de bebidas de todo el mundo. Tras hacerse con el control de numerosas marcas a lo largo de su historia, el último foco de desarrollo de la enorme compañía estadounidense es hacerse con el dominio del café. La primera víctima es Costa Coffee. La firma británica de cadenas de café diseminadas por todo el país británico y otras treinta naciones será parte del conglomerado del universo de Coca-Cola, a cambio de una nada desdeñable cantidad: 3.900 millones de libras, unos 4.500 millones de dólares.
Costa Coffee cuenta con casi 4.000 locales, de los cuales 2.400 están instalados en Reino Unido. El resto se encuentra en otros treinta países. La entrada de Coca-Cola en este sector la enfrentará con cadenas de cafetería muy populares en algunos círculos, como Starbucks o McDonald’s, que en los últimos años se ha incursado en este negocio, vendiendo también bebidas calientes y dulces. El desafío para Coca-Cola también es diversificar sus ventas, tras haber visto cómo varios países han modificado sus legislaciones en referencia a bebidas azucaradas. Muchos gobiernos han iniciado una lucha contra la obesidad infantil y han puesto su ojo de mira en los refrescos azucarados.
De hecho, Coca-Cola ha sido noticia en los últimos años por su entrada en el sector de las bebidas sin azúcar y, sobre todo, por tratar de vender productos muy diferentes a los suyos habituales, como la leche o las bebidas con alcohol. Estos dos últimos productos han salido a la venta en Japón. Sin embargo, en esta ocasión existe otro gran cambio en la filosofía de trabajo de Coca-Cola. Por primera vez, la compañía nacida en Atlanta será responsable de una cadena de tiendas y no se dedicará únicamente a la venta de sus productos.










