Redacción/ Miami.
Estados Unidos muestra su poder económico. Tras los años duros de recesión económica por parte del gigante norteamericano, desde que el gobierno de Barack Obama modificó su política para tratar de enfilarla mucho más hacia la creación de empleo, aunque eso significara un descenso en los derechos laborales de los estadounidenses.
Un año después de las elecciones, Estados Unidos está en uno de los mejores momentos de su historia desde el punto de vista económico. El PIB, que avanzó un 1,5% en el 2016, crece ahora un 2,3% en términos interanuales, según los datos del tercer trimestre conocidos hace unos días. Esos datos han cambiado por completo la percepción que el mundo económico tenía sobre la gestión de Trump al que acusaban de querer beneficiar las grandes fortunas por delante de las pequeñas. Lo cierto es que, con la poca incidencia que el presidente del ejecutivo puede tener en el contexto económico, Trump ha conseguido no sólo mantener las buenas percepciones económicas sino también prolongar el desarrollo del gigante norteamericano. Sin embargo, algunos de sus funcionarios aseguran que el buen momento de la economía estadounidense se debe a una serie de buenas decisiones por parte de Trump. “Trump se ha rodeado de gente de negocios, que entiende de los mercados y si a eso le añades las mejoras de productividad de las empresas y la confianza de los consumidores, ahí están los resultados”, afirma Jaime Malet, presidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en España.
Gracias a la rápida y contundente actuación de la Reserva Federal, la gran recesión duró sólo dos años en Estados Unidos, que está a punto de cerrar su octavo año seguido en expansión. La felicidad nunca es completa, pero la tasa de paro ha caído hasta un increíble 4,1%, ocho décimas menos que la heredada de Barack Obama, y el mínimo en 17 años.










