Redacción/ Miami.
Donald Trump continúa su senda hacia la salida de Estados Unidos de los grandes acuerdos mundiales y las organizaciones que velan por las políticas públicas que afectan a la inmensa mayoría de los países. Si en primer lugar fueron los Acuerdos de París sobre el medio ambiente, ahora Estados Unidos dejará de pertenecer a la Unesco, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
La causa que ha indicado Trump para la renuncia de Estados Unidos como miembro de pleno derecho de la Unesco Estados Unidos ha sido el sesgo “antiisraelí” de la agencia. La salida de EEUU se produce después de las amenazas del propio país norteamericano en contadas ocasiones en la voz de su embajadora en las Naciones Unidas, Nikki Haley, desde que se puso al frente de la misión diplomática en la ONU. Desde la Casa Blanca se asegura que la decisión “no se toma a la ligera” y que ha sido debidamente meditada. Inmediatamente, Israel ha anunciado que tomará el mismo camino que su gran aliado occidental, Estados Unidos.
La decisión se hará efectiva el 31 de diciembre de 2018 y supondrá la salida de uno de los países fundamentales y fundadores de la organización creada en 1945, tras la Segunda Guerra Mundial. Esta organización ha sido fundamental para el desarrollo educativo de gran parte del mundo, especialmente de aquellos países que han experimentado un desarrollo lento de su economía a lo largo del Siglo XX. El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, «lamentó profundamente» la decisión del gobierno estadounidense porque se aparta «del gran papel» que ha tenido el país desde la fundación de la Unesco. La gota que colmó el vaso para los estadounidenses fue el hecho de que la cátedra de la Unesco reconociera la Ciudad Vieja del Hebrón como Patrimonio de la Humanidad, urbe en la que viven 35.000 palestinos junto a 800 colonos judíos.










