Miami, FL, viernes 25 de septiembre de 2026. Durante décadas, una parte importante del valor de Gucci ha estado vinculada a tres palabras: Made in Italy. Pero incluso las compañías más tradicionales pueden modificar elementos históricos de su modelo de negocio cuando cambian el mercado, la tecnología y el comportamiento de los consumidores.
Gucci comenzó a comercializar nuevos modelos de sneakers fabricados en China, una decisión poco habitual para una compañía cuya producción continúa concentrándose ampliamente en Italia.
El ejemplo más importante es Drip, el primer sneaker diseñado por Demna desde que asumió la dirección creativa de Gucci. El modelo, de apariencia futurista y sin cordones, tiene un precio de US$980 en Estados Unidos y aparece oficialmente identificado por Gucci como “Made in China”.
Otro modelo slip-on de la colección Primavera también se produce en China.
¿POR QUÉ CHINA?
Gucci sostiene que la decisión responde fundamentalmente a razones tecnológicas.
Según la compañía, el proveedor seleccionado dispone del conocimiento y las capacidades técnicas necesarias para alcanzar los estándares de rendimiento y calidad requeridos por estos nuevos diseños.
La explicación resulta relevante porque muestra una transformación que está ocurriendo en muchas grandes corporaciones: la procedencia de la producción comienza a competir con factores como tecnología, especialización, costos y velocidad de innovación.
Gucci asegura que Italia continuará siendo el corazón de su modelo de fabricación y que no existen planes generales para trasladar su producción fuera del país. De hecho, aproximadamente el 95% de los fabricantes que integran su cadena de suministro están ubicados en Italia.
La compañía ya utiliza especialistas internacionales en determinadas categorías. Sus relojes se fabrican principalmente en Suiza y parte de sus gafas en Japón.
UNA MARCA QUE NECESITA VOLVER A CRECER
Pero el cambio llega en un momento especialmente delicado.
Las ventas de Gucci, la principal marca del grupo francés Kering, se han reducido aproximadamente a la mitad durante los últimos tres años. La caída ha presionado los márgenes y provocado el cierre de decenas de tiendas.
El desafío para Demna y para el CEO de Kering, Luca de Meo, es recuperar consumidores sin deteriorar la percepción de exclusividad que permite a Gucci cobrar precios propios del mercado de lujo.
La compañía también ha comenzado a reducir selectivamente los precios de determinados productos en algunos mercados, incluida China, según fuentes citadas por Reuters.
Ahí aparece el riesgo.
Para una empresa de lujo, fabricar más eficientemente no necesariamente significa crear más valor. Una parte del precio que paga el consumidor corresponde precisamente a elementos intangibles como historia, exclusividad, artesanía y procedencia.
CUANDO LA ESTRATEGIA PESA MÁS QUE LA TRADICIÓN
El experimento de Gucci representa una interesante lección empresarial.
Las grandes compañías no permanecen grandes simplemente conservando las fórmulas que funcionaron durante décadas. En determinados momentos necesitan cuestionarlas.
Gucci está intentando encontrar un difícil equilibrio: mantener su identidad italiana mientras aprovecha capacidades industriales existentes en otras partes del mundo.
Si funciona, “Made in China” podría convertirse simplemente en otra pieza dentro de una cadena global de producción especializada.
Si el consumidor considera que disminuye el valor de pagar casi US$1.000 por unos sneakers Gucci, el ahorro y la innovación tecnológica podrían terminar teniendo un costo mucho mayor: el valor de la propia marca.








