Redacción/ Miami.
Las autoridades chinas han dicho basta. Desde Pekín, se anunció en el día de ayer que el gobierno del país se hace con el control, de forma inmediata, de Anbang, uno de los mayores grupos privados del gigante asiático. La entrada de gestores públicos, que se alargará durante un año, coincide con el anuncio formal de que su anterior dueño, el influyente Wu Xiaohui, será procesado por delitos relacionados con la corrupción. Anbang, tercera aseguradora del país. La empresa ha llevado a cabo varias adquisiciones en el extranjero que pusieron la lupa sobre su gestión a las autoridades del país.
La Comisión Reguladora de Seguros de China anunció la medida en un comunicado en su página web, en el que confirma la destitución del anterior presidente, acusado de haber cometido “crímenes económicos”. Wu había sido una persona muy influyente en el país tras estar casado con una nieta de uno de los jefes de Estado de la historia del país. Wu era un firme defensor de la línea libre del país y el aperturismo de sus conductos económicos para potenciar un creciente capitalismo.
China vive desde hace unos años un momento importante en su historia. La necesidad de materias primas para mantener su desarrollo se ha enlazado con una lucha con Estados Unidos por alcanzar esas materias primas. China ha visto en África y algunos países de América Latina su oportunidad para sustentar el desarrollo que necesita diariamente y Estados Unidos ha comenzado a ver a China como un enemigo mucho mayor que el que creía hasta ese momento. Este tipo de casos y la intervención estatal de una de las empresas más importantes del país dejan bien clara la intención de Pekín de mantener el control de lo que ocurre en su territorio.










