Redacción/ Miami.
Cuando la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre Estados Unidos, Canadá y México pasa por uno de sus peores momentos a lo largo de las negociaciones que comenzaron el pasado mes de agosto, parece que el sector empresarial comienza a movilizarse para convencer a Trump de que un acuerdo comercial a tres bandas es la mejor opción. La primera que ha dado el paso ha sido la industria automovilística estadounidense.
Quien ha hecho pública la temperatura del sector ante las dudas en la firma del acuerdo ha sido una coalición denominada “Driving American Jobs” conformada por las grandes compañías del sector de los concesionarios, entre las que destacan General Motors, Ford o Toyota, junto a las empresas cuyos ingresos se derivan de la venta de componentes a esas entidades. “Driving American Jobs” ha asegurado que la suspensión del acuerdo comercial entre los tres estados tendría “consecuencias desastrosas” para la economía del país y concretamente para el sector automovilístico. La campaña de presión e influencia no solo apunta hacia el presidente Trump sino que se dirigen también a los electores en las localidades que son cruciales para la producción de automóviles, con el fin de conseguir convencer a la masa social de que esta decisión perjudicaría los intereses de la comunidad.
La cuarta ronda de negociaciones que se ha celebrado en Washington evidenció, las enormes diferencias que hay en cuestiones clave como la automoción. Trump propuso en concreto un cambio en las reglas de origen que se aplican al comercio de coches, que establece los niveles de contenido regional que se requiere en los vehículos para poder cruzar las fronteras sin aranceles. De esa forma, Trump continúa trabajando en la protección de los productos estadounidenses frente al mercado internacional.










