Redacción/ Miami.
Rex Tillerson, secretario de Estado de Estados Unidos, tiene una misión peliaguda en su gira por América Latina. Debe recuperar la guía de América del Sur para evitar que potencias económicas como China consigan quitarle un trozo de pastel al gigante norteamericano. Para ello, no sólo necesita llegar a acuerdos económicos con las naciones latinas. También debe liderar la solución a los problemas de América Latina. Uno de ellos, quizá uno de los pocos que América Latina se ha propuesto resolver en colectivo, es la situación en Venezuela.
Las elecciones convocadas por el presidente venezolano, Nicolás Maduro, parecen haber pillado con el pie cambiado a la oposición del país y a los líderes del resto de naciones, activamente críticos con el gobierno venezolano. La oposición venezolana todavía no ha decidido el formato en el que se presentarán a las elecciones, tras la negativa por parte del Comité Nacional Electoral a la intención de la oposición de presentarse en coalición, una medida habitual en los estados occidentales. Los países colindantes más críticos con Maduro, como Argentina y Perú, tampoco han enviado mensajes claros y contundentes. Tillerson ha acabado por legitimar las elecciones convocadas por Maduro, aunque ha exigido que sean “libres y justas”.
Tillerson se ha referido a este tema en Ciudad de México, la capital del vecino del sur estadounidense, país en el que Estados Unidos también mantiene un conflicto en relación a la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y a las relaciones bilaterales entre ambos países. Tillerson ha concluido su discurso sin censurar a Maduro aunque ha exigido la vuelta a la legalidad de la Asamblea Nacional. “Nos gustaría ver una transición pacífica: si Maduro volviese a respetar la Constitución, reestableciese la Asamblea Nacional y llamase a elecciones, podría ser un candidato más. Nuestro punto de vista es que tiene que volver a cumplir la Constitución”.










