Redacción/ Miami.
Donald Trump vuelve a retomar la actitud belicosa con China en cuanto a las relaciones comerciales entre Estados Unidos y el gigante asiático. El presidente de Estados Unidos ha anunciado que ha ordenado una nueva subida de aranceles al 25% en las importaciones chinas, algo que supondrán 50.000 millones de dólares. Además, ha informado públicamente que el gigante norteamericano restringirá las inversiones tecnológicas chinas en tecnología.
Este anuncio se ha producido justo antes de que el secretario de Comercio estadounidense, Wilbur Ross, viaje a China, el próximo sábado. Se espera que en las reuniones que mantendrá este alto cargo del comercio estadounidense en China, se hará todavía más evidente la tensión existente entre ambos países. A los aranceles hay que sumar la decisión de Estados Unidos de intentar bloquear la llegada de la tecnología china al territorio estadounidense, algo que puede perjudicar a las compañías del país. La hoja de ruta que ha llevado el magnate a lo largo de su vida siempre ha sido la de golpear antes que el enemigo o, como explica en su manual de negociación “devolver el golpe lo más fuertemente posible”. Esto parece que es lo que ha hecho Trump.
Porque el actual presidente siempre se ha quejado del déficit comercial en la balanza de importación y exportación entre los dos gigantes económicos. En la actualidad, el perjuicio para EE. UU. alcanza los 375.000 millones de dólares, el mayor déficit de todo el planeta. Además, China ha conseguido hacerse con mercados que Estados Unidos también perseguía como África o introducirse en otros que EE. UU. dominaba como América Latina.










