Miami, FL, domingo 27 de septiembre de 2026. Mientras algunas de las mayores compañías de Estados Unidos endurecen sus políticas de regreso a la oficina, Kevin O’Leary, empresario, inversionista y una de las figuras más conocidas de Shark Tank, plantea una visión diferente: para evaluar a un trabajador, lo verdaderamente importante no debería ser dónde trabaja, sino su capacidad para producir resultados.
En declaraciones recogidas por Fortune, O’Leary aseguró que los jóvenes de la Generación Z que consiguen destacarse son aquellos capaces de cumplir sus objetivos y entregar su trabajo a tiempo.
“Si eres de la Generación Z y puedes ejecutar, cumplir con tu mandato y entregarlo a tiempo, avanzas y ganas más dinero”, afirmó el empresario.
Su argumento va directamente al centro del debate sobre el trabajo remoto. Para O’Leary, estar físicamente presente en una oficina no necesariamente determina el rendimiento de una persona.
“Si tienes que estar en una oficina, ¿por qué?”, cuestionó. El inversionista explicó que preferiría contratar a alguien capaz de ejecutar desde su sótano o desde el patio de su casa antes que utilizar la presencia física como principal criterio para medir productividad.
EL TALENTO POR ENCIMA DE LA UBICACIÓN
O’Leary tiene empleados distribuidos entre Londres, Los Ángeles y Canadá, una estructura que refleja su propia filosofía sobre el trabajo.
El empresario citó como ejemplo a un empleado que comenzó a trabajar para él desde Emiratos Árabes Unidos y rápidamente ascendió dentro de la organización debido, según O’Leary, a su capacidad para ejecutar.
Su posición contrasta con la estrategia adoptada por numerosas corporaciones. Amazon impulsó el regreso a la oficina cinco días por semana y otras grandes empresas han aumentado sus requisitos de presencialidad. Microsoft, por ejemplo, comenzó recientemente a exigir a determinados empleados del área de Seattle acudir a la oficina tres días por semana.
Los defensores del regreso presencial argumentan que trabajar juntos facilita la colaboración, fortalece la cultura corporativa y mejora las relaciones entre los equipos. O’Leary, sin embargo, advierte que las políticas demasiado rígidas pueden tener otra consecuencia: perder talento.
El inversionista ya había señalado anteriormente que una parte importante de los trabajadores de las compañías de su portafolio nunca regresó completamente a las oficinas después de la pandemia. Cuando algunas empresas intentaron presionarlos, muchos empleados estaban dispuestos a buscar otro trabajo antes que renunciar a la flexibilidad.
Para O’Leary, la nueva competencia empresarial obliga a cambiar la pregunta. En lugar de preguntarse cuántos días pasa un empleado sentado frente a un escritorio corporativo, las compañías deberían determinar si esa persona cumple sus objetivos, genera valor y entrega resultados.
“Están simplemente produciendo resultados y son recompensados porque todo el equipo quiere a las personas que pueden ejecutar”, sostuvo.
En una economía marcada por la inteligencia artificial, la competencia por profesionales especializados y nuevas formas de organización laboral, la posición de O’Leary resume una filosofía cada vez más relevante: el lugar desde donde se trabaja puede ser secundario cuando los resultados hablan por sí solos.
Fuente: Fortune.








