Miami, FL, sábado 26 de septiembre de 2026. La inteligencia artificial ya no es solamente una carrera por desarrollar mejores modelos. Se está convirtiendo en una de las mayores expansiones de infraestructura de la historia tecnológica, con billones de dólares destinados a data centers, semiconductores, servidores, sistemas de refrigeración y nuevas fuentes de electricidad.
La magnitud comienza a generar una pregunta inevitable en Wall Street: ¿podrán las empresas obtener suficientes beneficios para justificar semejante inversión?
McKinsey estima que los data centers necesitarán aproximadamente US$6,7 billones en inversiones acumuladas a nivel mundial hasta 2030. De ese total, unos US$5,2 billones corresponderían exclusivamente a la infraestructura necesaria para satisfacer la demanda de inteligencia artificial.
La capacidad mundial de los centros de datos podría pasar de aproximadamente 82 gigavatios en 2025 a cerca de 220 gigavatios en 2030. La IA representaría alrededor del 70% de esa capacidad.
EL GASTO SIGUE ACELERÁNDOSE
Las cifras continúan aumentando.
Morgan Stanley estima que los principales proveedores de servicios de nube podrían invertir más de US$1,4 billones solamente durante 2027 en la construcción de infraestructura relacionada con inteligencia artificial.
La firma calcula que el gasto mundial en 2026 podría rondar los US$800.000 millones y alcanzar US$1,1 billones en 2027 considerando un conjunto más amplio de inversiones vinculadas con esta expansión.
Microsoft, Amazon, Alphabet, Meta y otros gigantes tecnológicos están construyendo data centers mientras Nvidia y otros fabricantes intentan satisfacer una demanda extraordinaria de procesadores.
Pero también comienza a crecer la utilización de deuda.
Financial Times reportó recientemente que grandes compañías tecnológicas están utilizando estructuras financieras y garantías que respaldarían hasta US$300.000 millones de exposición relacionada con chips y centros de datos, parte de ella fuera de los balances tradicionales.
EL PROBLEMA YA NO SON SOLO LOS CHIPS
Existe además una limitación que el dinero no puede resolver inmediatamente: la electricidad.
El crecimiento de los data centers está avanzando más rápidamente que la construcción de nuevas plantas eléctricas y redes de transmisión.
Estimaciones recientes de Morgan Stanley indican que Estados Unidos podría enfrentar un importante déficit de capacidad eléctrica para alimentar los proyectos de inteligencia artificial durante los próximos años.
Eso está obligando a las tecnológicas a pensar como compañías industriales: negociar directamente con productores de energía, financiar nuevas plantas e incluso estudiar energía nuclear y generación propia.
¿OTRA BURBUJA PUNTO COM?
La comparación con finales de los años 90 resulta inevitable.
Durante la burbuja de Internet se invirtieron enormes cantidades de dinero en fibra óptica, telecomunicaciones y compañías digitales bajo la expectativa de que Internet transformaría la economía.
La predicción tecnológica terminó siendo correcta.
Muchas de las inversiones, sin embargo, fueron financieramente desastrosas.
Con la IA podría ocurrir algo parecido: que la tecnología transforme efectivamente la economía, pero que no todas las compañías y proyectos construidos alrededor de ella generen los retornos esperados.
Morgan Stanley plantea precisamente los dos escenarios. Si la inteligencia artificial consigue elevar apenas entre uno y dos puntos porcentuales los márgenes de beneficios corporativos globales, podría generar alrededor de US$1 billón adicional en ganancias y ayudar a justificar incluso una base de inversión de US$10 billones.
Pero si la monetización avanza más lentamente que la infraestructura, algunas inversiones podrían resultar excesivas.
La pregunta, por tanto, quizás no sea si la inteligencia artificial es una burbuja.
La verdadera pregunta es cuánto de los billones que se están invirtiendo hoy terminará produciendo los beneficios que Wall Street espera mañana.








