Miami, FL, martes 8 de septiembre de 2026. Durante décadas, cuando se hablaba de los grandes centros tecnológicos mundiales, Argentina difícilmente aparecía entre los primeros destinos de inversión. La explosión de la inteligencia artificial podría comenzar a cambiar ese mapa y colocar a la Patagonia frente a una oportunidad inesperada: convertirse en territorio para enormes centros de datos.
La razón no está solamente en la tecnología. Está, sobre todo, en la energía.
La Patagonia argentina reúne una combinación particularmente atractiva para una industria que necesita cantidades extraordinarias de electricidad: grandes extensiones de tierra, temperaturas relativamente bajas, potencial eólico e hidroeléctrico y proximidad a los enormes recursos de gas de Vaca Muerta.
Martín Varsavsky, empresario argentino y fundador de varias compañías tecnológicas, considera que los proyectos que empiezan a surgir pueden ayudar a modificar la percepción internacional del país. Argentina, señaló, prácticamente no figuraba hasta ahora en el mapa tecnológico global.
Los nuevos proyectos equivalen, en cierta forma, a plantar una bandera: mostrar al mundo que el país dispone de energía y condiciones para competir por inversiones vinculadas con inteligencia artificial.
PROYECTOS DE MILES DE MILLONES
Las cifras permiten entender la dimensión potencial del fenómeno.
Pampa Energía estudia desarrollar en Neuquén un centro de datos de hasta 500 megavatios. Una instalación de semejante tamaño podría requerir alrededor de US$900 millones solamente en infraestructura eléctrica.
En Chubut, Green Capital proyecta una primera etapa con una inversión cercana a US$3.000 millones y una iniciativa que, si alcanza su máxima dimensión, podría llegar eventualmente a 3.000 MW.
A esto se suma el proyecto anunciado anteriormente por OpenAI junto con Sur Energy, que contempla una inversión potencial de hasta US$25.000 millones en infraestructura de inteligencia artificial en Argentina.
Son números enormes, pero requieren cautela. Varios de estos proyectos todavía se encuentran en etapas preliminares y una inversión anunciada no necesariamente significa una inversión ejecutada.
LA ENERGÍA CAMBIA EL MAPA TECNOLÓGICO
La inteligencia artificial está generando una transformación interesante. Durante años, los países competían por empresas tecnológicas ofreciendo talento, universidades, beneficios fiscales y ecosistemas de startups. Ahora aparece otro recurso estratégico: electricidad abundante y competitiva.
Los grandes modelos de IA necesitan centros de datos con miles de chips funcionando continuamente. Eso convierte el acceso a energía, infraestructura y terrenos en factores tan importantes como disponer de buenos ingenieros.
Argentina tiene recursos para participar de esa competencia, pero también obstáculos considerables.
Será necesario construir infraestructura eléctrica, mejorar conectividad y ofrecer previsibilidad económica y regulatoria a compañías que deben comprometer miles de millones de dólares durante muchos años. El riesgo político continúa siendo una variable que los inversionistas internacionales incorporan a sus decisiones.
Por eso, la Patagonia todavía no es el próximo gran centro mundial de inteligencia artificial. Pero por primera vez existe una combinación de tecnología, energía e inversiones potenciales que permite imaginarlo.
Y ahí puede estar la verdadera oportunidad: la revolución de la IA podría transformar recursos históricos de Argentina —tierra, viento, agua y gas— en la infraestructura de una nueva economía digital.








